El Templo del Ocaso

Blog de relatos de escritores novel. Fantasía, Terror, Romance...


Frainost cerró la puerta y se quedó a oscuras con la niña. La visión nocturna de ambos hizo que sus ojos resplandecieran. Gris plomizo enfrentó a rojo sangre.
La colocó sobre el lecho y se arrodilló frente a ella.
-Ni tú ni yo somos humanos. No necesitamos esas luces, verdad?
Los oscuros ojos de la pequeña le miraban fijamente. No podía entender sus palabras, pero estaban conectados. La cogió de las manitas morenas y le sonrió.
-Soy Frainost. Fra-i-nost. Inténtalo

La niña separó los labios lentamente, pero solo emitió un débil jadeo.
-No pasa nada.
El ojos de sangre abrazó a la niña y la acunó contra si.

-Muerkarish na’ok, aisfair neir m’osok. Et’meraska jar ski (todos estamos solos y necesitamos amor. Te tomaría como mi hija)-

Hacía mucho que no hablaba en su idioma, en la fortaleza estaba prohibido. Pero la pequeña no lo delataría y el sonido vibrante del idioma de su gente le hizo sentir bien. Recordar a su hermano y aunque le dolía, también a su madre. Se tocó el aro de bronce que ceñía su frente, pensando en lo que ocultaba, un secreto arriesgado. Pero por eso había venido a la fortaleza roja, eso era lo único que le había dado fuerzas hasta ahora para soportar los mandatos de los humanos. Pero su alma y su corazón estaban rotos desde que su hermano había desaparecido.
Su hermano se había marchado a otro continente. En realidad se trataba de una inmensa isla volcánica que algunos llamaban la roca de lava y que se encontraba muy alejada. Ya hacía veinticinco años que llegó aquel extraño mensaje solicitando la ayuda de la fortaleza roja. Nadie sabía nada de aquel lugar, sus temperaturas era tan altas que incluso pensaban que estaba in habitado, en tal caso por elementales del fuego.
El impulsivo Feaol fue el único que se ofreció voluntario, alegando que así se podría explorar la zona y saber algo más sobre ella. Frainost habló con su hermano sobre lo peligroso que podía resultar, no sabían nada de ese lugar y los seres que lo podían habitar. Además de las altas temperaturas. Pero en este punto, Feaol le recordó que en la carta decían que esperaran a invierno para venir, que en el interior no hacía tanto calor.

Así que tras mucho discutir, los altos dignatarios decidieron que Feaol podía marchar. Pasaron los meses y no recibieron noticias suyas. Frainost estaba tan preocupado que se ofreció para ir en su busca. Pero los altos dignatarios no estaban dispuestos a perder a otro de sus mejores guerreros y prometieron que enviarían un barco a buscarle. Pero ese barco naufragó, dejando a tan solo dos supervivientes para dar fe de ello.

Entonces Frainost fue por su cuenta, pero cuando ya divisaban las costas de la roca de lava, una inmensa ola salida de la nada volcó el barco hundiéndolo para siempre. Frainost consiguió sujetarse a un tablón e intentó nadar hacía la orilla, pero la marea le alejaba. Unos días más tarde, un barco de mercaderes le encontró al borde de la muerte flotando en medio del mar sobre un tablón.
Todos estos acontecimientos hicieron suponer que Feaol había corrido la misma suerte y no había sobrevivido. Realizaron una ceremonia en su memoria.
Pero los seguidores del camino del dador de muerte poseían una percepción de la sangre más intensa que ninguna otra criatura del mundo. Ese sentido le decía que su hermano continuaba con vida y que de algún modo le volvería a ver.

Sonaron unos golpes en la puerta, la niña tembló y Frainost salió de sus pensamientos. Debía ser Miria. Acarició la mejilla de la niña y se apresuró a colocarse algo de ropa antes de abrir la puerta.

“Mi caballero”
Lilia le vio salir de su habitación y encaminarse por el ancho corredor. Su lacio cabello negro ondeando tras él.
Portaba una sencilla camisa de hilo negro y pantalones con botas de hebilla hasta la rodilla del mismo color. El único adorno militar era el brazal izquierdo que le llegaba hasta el codo y él hacia servir en lugar de un escudo y el sempiterno aro de bronce ciñéndole la frente.
No se movía como los demás, proyectaba un aura que hacía parecer que todo se ralentizara a su paso. como si el mirarlo embotara los sentidos.
Cuando se cruzaron Frainost inclinó la cabeza hacia ella, sonrienlola con los labios. El resplandor de las antorchas hizo relucir sus ojos y piel.
Dos meses sin saber de él, dos meses agónicos.
-Mi señor- le habló con apremio.
Frainost se paró y la miró interrogativamente.
-Dime Lilia-
Lilia adoraba oír su nombre en sus labios, la palabra sonaba sublime dicha por esa voz suave y profunda.
La muchacha intentó sostenerle la mirada, pero le resultaba imposible. Caminó dos paso hasta estar frente a él.
-mi señor-
Se miró las manos que tenía cogidas sobre el delantal, que había lavado y secado frente a la cocina para reparar algo el incidente de Drechtel.
Frainost la aguardó pacientemente.
-Mi señor- repitió con más convicción- aceptareis mi compañía esta noche?

El capitán ojos de sangre inclinó el rostro hacia ella y la estudió.
-Es lo que deseas Lilia?
La sirvienta levanto la vista un segundo para bajarla inmediatamente y asentir.
-Realmente lo deseas?- la voz adquirió un matiz más profundo.
-Sí, mi señor.
Frainost permaneció en silencio unos segundos que a Lilia le parecieron eternos. Entonces sintió un roce en el cabello. Se atrevió a mirar y vio una nívea mano masculina sosteniendo un mechón de su dorada melena.
Frainost se inclinó y aspiró el cabello que sostenía entre los dedos. Lilia se quedó ensimismada al ver al apuesto ojos de sangre cerrar los ojos con deleite.
-ven a mi alcoba entonces Lilia.
Los ojos se abrieron y sostuvieron su mirada con intensidad.
La sirvienta se estremeció y no fue consciente del mundo hasta que el ojos de sangre ya había desaparecido tras una esquina.


Antes de poner el relato de Neko, tenemos que puntualizar que aunque lo hemos dado por valido, no se han cumplido del todo las exigencias.
La temática tenía que ser ciencia ficción. Pensamos que quizá se ha confundido con simple ficción.
El gato tenía que ser el protagonista, pero ha recibido suficiente protagonismo.

Por lo demás nos ha gustado mucho, está bien narrado y es interesante.
Felicidades Neko ^^

Aquí lo tenéis, disfrutadlo.

La lengua larga.

autora: Neko


Amanda estaba un poco paranoica con aquella mujer ¡Si hasta nariz de bruja, tenía!

Doña Irinia tenía la piel pálida, unas ojeras bien marcadas y una cabellera corta y ondulada, jamás había sido vista con ropas que no fuesen de colores pasteles o eso le había dicho la misma señora a Amanda una vez que se quedó mirándola fijamente.

Irinia era una mujer que se mostraba amable con todo el mundo y no es que fuera malvada, lo que le molestaba a la recién llegada era su afición de hablar hasta por las orejas con cualquiera, conocido o desconocido, amigo u enemigo.

Era la mujer más copuchenta que había visto en su vida, aunque su vida había sido relativamente corta, sin embargo, eso no importaba mucho, el problema aquí era que ella había llegado a parar a su casa y estaría viviendo con ella hasta que terminase sus estudios.

José, te estoy diciendo que las dos mujeres se agarraron de las mechas Dijo amarrándose sus propios cabellos.

¿Y cuando viste tú eso? Su marido levantó la vista del diario.

Hace un rato, chico. Si te digo que la Andreita estaba a punto de pegarle a su madre Se acerco un poco más y se sentó al lado de José. Estuve a punto de llamar a los carabineros porque ya era mucho, ya.

Irinia, no seas tan metida, mujercita Movió la cabeza su marido.

Ay José, si pasa algo va a ser tu culpa por no dejarme llamar a los carabineros.

Deja de meterte donde no te llaman, tarde o temprano eso te va a pasar la cuenta Advirtió el hombre calvo y volvió a su pacífica lectura.

Los continuos rumores que se extendían en la población le llegaban a la hora de la cena todos los días, por los labios de su señora arrendataria. Al escucharla una de esas tardes pasó por su mente una pequeña y fugaz idea: ¿Qué pasaba cuando ellas no estaban? La verdad es que sintió un escalofrío recorrerle el cuerpo, lo que pasaba es que Amanda tenía muchísimos secretos, mentiras que había estado ocultando hace bastante tiempo y eso la mantenía intranquila, si la mujer de la casa las llegaba a descubrir era su fin.

Como las mentiras se pillan siempre, un día Doña Irinia se encontró con gran notición al ver un diario en el que Amanda confesaba todo lo que había hecho durante sus veinte años, sin esperar la mujer comenzó a divulgar sus chismes, fuesen ciertos o no, la lengua le picaba como si tuviera ají.

Al poco tiempo todos los temores de la señorita se hicieron verdad, incluso algunos de sus amigos más cercanos sabían de sus mentiras y esto había hecho que toda su vida se fuera apagando de a poco, ahora se encontraba sumida en una depresión muy complicada y nadie lo había notado. Amanda dejó de ir a clases y se encerró en su habitación por largas horas cada día, ya casi no comía e Irinia comenzó a preocuparse. Entonces no halló mejor idea que llamar a los padres de la chica y contarles todo lo que sabía.

—Dios, esta niñita me va a sacar canas verdes —Susurró a la vecina de en frente, con la cual conversaba desde la reja.

—¿Tanto así, señora? ¿Qué paso ahora? —Preguntó la otra mujer, levantando la cabeza.

—Es que esa niña ha estado puro mintiendo, pobre de los padres que tiene. Fuera hija mía porque le daría sus buenos golpes.

—Ay señora, en los cachos que se mete.

—Si, así no más es hijita, pero que le vamos a hacer. Ya mande a buscar a su papá, el caballero llega mañana —Comento y se limpió el rostro que estaba algo sudado.

—Tan buena que se ve la Amandita, bueno las apariencias engañan —respondió la vecina.

—Así no más es, Claudita —Dijo y pateo un gato que se estaba metiendo a la cocina—. Estos gatos de porquería, los mataría a todos, son tan molestosos.

Amanda volvió a entrar a su habitación, luego de haber escuchado aquella conversación. La chica pronto se vio entre la espada y la pared, estaba hundida y era una cobarde porque no tenía cara para enfrentar a su familia, si doña Irinia lo hubiera hablado con ella, si la señora la hubiera orientado en vez de haberla dejado como un trapo humillándola públicamente, si ella no hubiera mentido. Todo el arrepentimiento llegó de golpe, sin embargo, sabía que no ganaría nada con ello. Así que sin pensarlo dos veces, decidió escapar y ser medio cobarde al quitarse la vida aquella noche. Salió sólo dejando una pequeña nota en el velador, respiró hondo, se tomó unas cuantas pastillas y adormecida se tiró al mar. Un río que había cerca y que estaba camino a la Universidad. Al otro día cuando su padre llegó y tocaron la puerta de la habitación, nadie atendió. Entonces la señora fue por la llave maestra y se hizo paso entre las cosas de la niña, dándose cuenta de que nadie había en el interior. Desesperada miró al hombre que estaba tras de ella desconcertado, luego encontraron una pequeña nota escrita a manos de la chica. «Perdónenme pero no había más solución, sin embargo hay más de una culpable aquí. Nos veremos pronto señora Irinia».

Los dos adultos presentes tiritaron, pues no sabían que significaba la nota. El padre esperanzado ordenó su búsqueda e Irinia temerosa guardó el papel.

Luego de un tiempo la búsqueda cesó sin hallar el cuerpo de la joven, los padres estaban desechos, la señora Irinia igual, después de todo durante el tiempo en que habían vivido juntas le había agarrado cariño a la niña, aunque eso nunca fue suficiente para mantener su lengua quieta. Cada vez que salía el tema de Amanda ella hablaba sobre su monstruosa desaparición, el poco entendimiento que le dio a la nota la llevo al olvido pero como todo se paga, un año después de haber muerto la joven un gato negro apareció en su ventana.

Un felino que no la dejaba en paz, pues la vigilaba continuamente cuando estaba sola, hay que comentar que nadie más lo había visto, sólo ella en sus largos ratos de ocio mirando las telenovelas de la tarde. El gato de ojos verdes se posaba justo en la ventana y le observaba fijamente por horas y horas, la señora Irinia tenía que confesar que aquel animal le recordaba a la chica, sin saber la razón determinada de ello.

—Otra vez ese gato —Aburrida se levantó para sacarlo de la ventana. El gato sin embargo no deseaba irse y volvía, una y otra ve, al mismo lugar—. ¡Sale de ahí, gato de porquería!

El grito alarmó a su esposo que justamente venía entrando y para su desconcierto vio a su mujer hablado sola, golpeando al viento que se colaba por la ventana a medio abrir.

—Irinia ¿Qué estás haciendo?

—Ahuyentando a este gato que me tiene toda nerviosa —Contestó sacudiendo su delantal y girándose a ver a su esposo.

—¿Cuál gato?

—Ese gato —Apuntó a la ventana pero no vio nada—. Al fin se fue.

El hombrecillo no le dio mayor importancia aunque le pareció bastante extraño el comportamiento de la doña.

Los días seguían pasando y con ello, la mujer que no era nada tonta se dio cuenta que era la única que podía ver al felino. Aquel animal que se paseaba elegantemente por su casa sin pedir permiso, con esos ojos como aceitunas de vez en cuando y ese cascabel que sonaba junto al meneo que hacía su cola.

Una noche doña Irinia se quedó sola en casa, la madera crujía y el viento movía las ramas de los manzanos. Las sombras hacían un juego tétrico según pensaba la mujer nerviosa pues el gato nuevamente estaba cerca de su cama. Se tapó por completo con las sábanas repitiéndose a si misma: «Es sólo mi imaginación». Cerró sus ojos fuertemente y de un momento a otro se quedó dormida.

—Buenas tardes mijita, la estaba esperando —Comento una anciana que bordeaba los noventa. Su cabello caía en una cascada blanca sobre su espalda y su piel parecía la de una roca llena de marcas.

—¿Abuela? —Preguntó Irinia mientras observaba el largo jardín.

Reconoció enseguida que era el fundo donde había pasado su niñez.

—¿Quién más va a ser? —Comento la anciana meciéndose en su silla—. Últimamente andas muy despistada, Iri. Siéntate aquí mejor, cuéntale a la abuela porque has cambiado tanto.

—¿Cambiar tanto? —Miró sus manos con detalle, estaba en el cuerpo de cuando era pequeña pero tenía la misma mentalidad que la vieja de cincuenta que se paraba a chismorrear.

—Si pues hijita, has estado haciendo cosas malas —Movió la cabeza— ¿Qué aprendiste cuando te crié?

—Abuela tú sabes que no es de mala —Agachó la cabeza.

—Ya mi niña si no voy a retarte —La mujer sonrió dulcemente, como solía hacer a menudo cuando estaban juntas—. Vine a advertirte porque a pesar de que te estés portando mal allí abajo, eres mi nieta consentida.

—¿Advertirme?

—Si, Iri. Ese gato no anda ahí por nada. Ese gato te está vigilando o yo te diría que te anda penando.

—¿Ese gato? Entonces, por eso soy la única que lo ve.

—Si, por eso —Le pasó la mano por los cabellos, enredándose con esos nudos rebeldes—. Ahora tienes que hacer lo que yo te diga o no te desharás del animalito, además, el gato aún no hace nada malo, pero si te sigues comportando así y soltando todo lo que llega a tus oídos, habrán consecuencias, Iri.

—Pero abue…

—Nada de peros, ahora escucha —Le jaló el cabello sin hacerle daño—. Busca una vela azul y préndela, déjala en la habitación de en frente.

—¿Cuál? ¿La que no se ocupa? Pero en esa vivió la chica esta, la que me trajo un montón de problemas. Pobre de mí.

—Esa misma y nada de pobre de ti —Repitió la viejita simpática—. Tú te la buscaste, agradece que acudiera a ayudarte.

La viejita abrazó a su nieta luego de darle toda la información que requería se despidió.

—Anda a visitarme de vez en cuando, tú, chica ingrata.

Doña Irinia abrió los ojos sin deseos de salir de ese sueño, entonces se dio cuenta que era de madrugada y que el gato estaba sobre su pecho, mirándola atentamente. Asustada la mujer sacó las frazadas tirando al minino lejos y sin cuidado fue hasta la azotea a buscar una vela de color azul y la nota que le había dejado Amanda hace más de un año.

Con desespero buscó entre sus pantalones, entre las cajas, entre los muebles, sin encontrar la nota. El gato divertido movía su cola como si fuera un reloj y le sonreía de forma burlona, al menos eso pensaba la mujer en ese instante, sin hacerse más caldo de cabeza, siguió hurgueteando hasta que el gato maulló. Trato de ignorarlo pero el gato volvió a maullar.

—Sale gato, deja de molestar —Dijo, pues ella sabía que el felino le entendía.

El gato se movió un poco y le volvió a llamar con un maullido. La mujer se fijó en la insistencia del animal y con cuidado se acercó, fue cuando vio la nota de Amanda bajo las patas del gato.

Agarró el papel mullido y lo llevo hasta la habitación junto con la vela azul, el ritual consistía en quemar la nota cuidadosamente, desde la punta izquierda hasta el otro lado. Sus manos tomaron el papel y con cuidado lo pasaron sobre la pequeña llama, hasta que se consumió por completo.

El gato desapareció junto con el último pedazo, justamente cuando se estaba haciendo de día y Don José llegaba a casa nuevamente.

—¿Cómo estuvo la noche? —Preguntó el hombre calvo algo cansado.

—Más o menos, no más viejo. Llamaré a la Marcela para contarle todo con detalle —Comentó aliviada por haberse desecho de ese gato.

Mientras ella contaba su episodio por aquí y por allá, una sombra pudo verse desde la ventana, atenta observaba cada paso de la señora de la casa. Pues Doña Irinia no había aprendido nada.

—Parece que habrá que darle otra lección, Doña Irinia —Susurró la sombra reflejada en la ventana, con aquella boca gatuna que sólo significaba una cosa, aquel felino no la dejaría en paz nunca, pues la lengua de la señora era tan larga como los secretos que contaba la Biblia. Sonó el cascabel nuevamente y el gato volvió a hacerse concreto a la vista de la señora, mientras ella, dejaba el teléfono a un lado sorprendida. Sabía que ese acompañante estaría prendado a ella por siempre, quizás sólo quizás, sus chismes la habían vuelto loca.



Ya que el templo está algo desierto a causa de que las escribanas están muy ocupadas con sus respectivas vidas; hemos llegado al acuerdo de usar el templo como un blog de retos mientras conseguimos tiempo para escribir relatos.

Así que los protagonistas seréis vosotros. Los que a pesar de nuestras prolongadas desapariciones, habéis seguido ahí y habéis comentado nuestros escritos.

Cómo funcionan los retos?
Muy sencillo.

*En esta misma entrada escribiré unos requisitos que ha de tener el relato en cuestión y quien quiera escribirlo ha de decir que acepta el reto en un comentario en esta entrada. El primero que lo acepte se lo lleva.

*Los retos pueden ser aceptados por las escribanas.

*No se aceptarán relatos que no tengan un mínimo de calidad para ser publicados.
-Faltas ortográficas y gramaticales que dañen la vista de los lectores.
-Lenguaje sms.
-Lenguaje soez o sexual exagerado.

En el caso de que el que acepte el reto nos envíe un relato con este tipo de contenido, se descalificará y se pasará al siguiente que haya aceptado el reto.
Si nadie más lo ha aceptado, se propondrá de nuevo en otra entrada o podrán aceptarlo las escribanas en el que de que así lo deseen.

*El relato ha de ser de entre 1 y 5 paginas de word. tamaño de fuente 12.

*Se dará como plazo 1 semana, prorrogable a 2 para ser escrito y enviado.

*Se enviará al mail del templo.

templodelocaso@hotmail.com

Creo que no me dejo nada.
Pues bien, pasemos a proponer el reto.

Temática: Ciencia ficción.

Protagonistas: Un gato.

En el relato tiene que aparecer:

-Una vela azúl.

-Un antepasado.

-Una sonrisa.

Ahí tenéis el resto. Esperamos a los valientes que quieran poner a prueba su imaginación y capacidad narrativa.

Recordad que el relato será publicado en el blog del templo.

Animo!

Las Escribanas.




VII
NARCISSO
Mircea

Siento como mi cerebro emite Alfa y comienzo a despertar. Aún no soy plenamente consciente de lo que ha pasado, pero mientras la vigila me va alcanzando poco a poco, comienzo a sentir.
La piel me escuece, unos apretados e incómodos vendajes me cubren la parte alta del cuerpo, incluso mis manos y brazos. Siento el pinchazo de la aguja del suero y la sorda presencia de la sonda.
La piel me hormiguea como si despertara conmigo y el mínimo movimiento se me hace imposible. Tengo la lengua pastosa, la garganta me arde de sed y noto el estomago encogido.
El rítmico tut tut, de la maquina que tengo a mi derecha y el sonido del respirador y el gotero, me hacen recordar y ser plenamente consciente de donde estoy y porque.
Ahora mismo es una empresa imposible, pero por dentro puedo sonreír satisfecho.
Aprovecho la consciencia para saborear mi nueva condición.
Una enfermera entra en la habitación y ve que he recuperado al conciencia, el doctor aparece minutos después y me hace pruebas. Me pregunta cosas que pueda contestar con uno o dos pestañeos.
No entiende que no quiera cirugía, dice que mi rostro ha quedado totalmente desfigurado, yo sonrío, pero él no puede verlo. Dice que llamará a un psicólogo de planta para que hable conmigo.
Dejo que el psicólogo hable sin llegar a escuchar realmente lo que dice, no pueden obligarme a nada y lo saben.

Iren viene a verme otro día.

-Hola Mircea- lleva una bolsa y saca un arbolito que parece un bonsái de ella.
-Mira- me habla aun sin saber si la oigo o incluso la veo- Te he traído un naranjo enano, tiene pequeñas naranjitas y huele muy bien. Pensé que sería más original que un ramo de flores.
Lo pone sobre la mesita que hay junto a mí, y se sienta a mi lado sin mirarme.
-Tu nunca llegas tarde sin avisar y me asusté, llamé a la recepción de tu edificio y entraron en tu apartamento.
Cuando llamaron para decir que estabas gravemente herido y te habían llevado al Hospital, no podía creerlo.
Mircea, sé que no soy más que una compañera de trabajo, sé que eres homosexual, sé que nunca podría aspirar a ti, pero me conformaba con verte cada día en el trabajo. Me conformaba con que estuvieras allí, eso ya me hacía feliz.

Desconecto, no deseo oír otra confesión insustancial movida por la superficialidad.

Josezf me conocía y me amaba por mí mismo.

Josefz sabía más de lo que me mostraba con su sereno silencio y sus caricias cautelosas. Él conocía la verdadera naturaleza de la mortalidad y como conseguir la paradoja de la inmortalidad.
Quizá parezca una estupidez, pero quería creerlo, creía que Josezf me salvaría y me aferré a él desesperadamente, le entregué todos mis sentimientos, él era mi refugio y me hacía sentir seguro. Pero jamás pude imaginar que para Josezf yo era algo parecido, un salvavidas con el que poder vivir en calma hasta su último e inminente aliento.
Ya no puedo concebir la vida sin él, lo he intentado y he fracasado. Quiero que todo cuanto deseaba se vuelva realidad en el sueño eterno de mi nueva apariencia, quiero que me conozcáis tal como soy.

Iren se marcha, los médicos deciden que pueden darme de alta, el psicólogo me receta unas pastillas que no tomaré y me espera dentro de dos semanas.

Llevo la cabeza ligeramente vendada y ardo en deseos de ver mi rostro.
No pienso en nada más cuando entro en mi apartamento a oscuras y camino presuroso hacia el espejo de cuerpo entero de mi habitación.
Mis manos tiemblan expectantes cuando comienzo a quitarme las vendas.
Soy el retrato de Dorian gray, ¿dónde está el lienzo que muestra mi verdadero ser? Quiero que lo busquéis, quiero que olvidéis el bello ángel blanco que era y halléis la verdadera esencia de Mircea, tal como la crearon los dioses.
Pero no seréis capaces, verdad? No podéis ver las cosas más que con vuestros ojos, esas esferas gelatinosas que algún día se apagaran, pudrirán y alimentarán a los gusanos.
Quiero verme y regodearme en mi triunfo sobre vuestra superficialidad.
La imagen que muestra el espejo es el paradigma de la perfección, el anhelo de la divinidad, el suspiro de los arcángeles. Repaso las cicatrices en la piel de mi rostro, mi tacto es capaz de percibirlo y sonrío, pero el espejo se burla de mí, me muestra inmaculado y los ojos que me miran muestran una serenísima tristeza.
Estás triste por mí, reflejo?
Sientes lastima por tu gemelo de este lado?
Sólo tú me conoces realmente, sólo tú sabes quien es Mircea. Por qué te burlas de mi entonces?
Me quedo fascinado frente al espejo, y sé que ese no soy yo. Mi tacto me demuestra que soy un monstruo, pero el del espejo es un verdadero ángel.
Pasa el tiempo y no me separo del espejo.

He decidido llamarle Narcisso, aunque quizá debería ser yo el que tomara ese nombre. Le miro y siento un tremendo consuelo, de algún modo a pesar de saber que es mi reflejo, es como si fuera un ser distinto pero con el que comparto la misma esencia.
-Narcisso- digo con la mano sobre la superficie del espejo, acariciando las yemas de sus dedos-
Creo que voy a desaparecer de este mundo, por favor, cuando me vaya, ven conmigo. No quiero estar solo en ese lugar desconocido.
La idea de morir y desaparecer me ha rondado la mente desde que se lo que es, sin llegar a resultar obsesivo, sin ser un grito desesperado, me había planteado muchas veces el hecho de dejar este mundo. No sabía lo que podría aguardarme al otro lado, quizá nada, simple y ciego vacío. Josezf me decía que yo era inmortal, porque a pesar de ser joven no me creía inmortal como los demás que vivian deprisa y despreocupadamente. Yo era consciente de mi mortalidad y eso me inmortalizaba. Josezf decía muchas cosas por el estilo y yo le escuchaba, pero realmente no le entendía. Quizá resultaba demasiado filosófico para mi mente analítica. La muerte es un estado de la vida, una trasformación necesaria para que la vida en el planeta continúe; sólo un fragmento de la inmensa rueda.
Así que no le temía, no había nada que me aferrara al presente, ni que me hiciera desear un futuro. Porque no me había matado? Quizá por eso, sabía que podía hacerlo cuando quisiera, no tenía prisa en realidad.
Ahora la vida se iba escapando de mi esquelético cuerpo. Incapaz de apartarme del espejo y del único ser que podía comprenderme, no abrí la puerta.
No ingerí ningún alimento ni bebida, dejé que mis esfinters se aflojaran y mis desechos se derrabaran a mi alrededor, hasta que la mugre y el hedor insalubre crearon un circulo como una barrera que me separaba del resto del mundo.
Pero sólo puedo ver a Narcisso, el que me mira con esos ojos grises y me llenan el alma.
Resigo su imagen con los dedos y él hace otro tanto juntándolos sobre los mios. Desearía tanto poder abrazarte mi mudo oyente. Pero estamos separados por un cristal, qué pasaría si lo rompiera? Aún no he perdido suficiente cordura como para no saber lo que pasaría, te perdería y yo ya casi estoy fuera de este mundo.
Mi mente ha ensordecido y cegado a todo lo que no sea mi reflejo, así que no escucho las insistentes llamadas por teléfono, el timbre que suena barias veces al día; ni siquiera me doy cuenta que derriban la puerta para entrar a la fuerza.
No oigo sus voces alarmadas, como dicen que alguien llame a una ambulancia. Alguien se inclina sobre mí bloqueándome la visión de Narcisso.
Podría enfurecerme por la interrupción. Pero sonrío, sonrío al ver la expresión horrorizada de Iren cuando ve mi nuevo aspecto. He destrozado tanto mi imagen que tan sólo puedo ser un monstruo. Aún me amas? Aún te hago suspirar? Aun sientes que soy el motivo para que vayas a trabajar cada día?
Ya no soy un ángel, soy un ser de maltrecho envoltorio. Pero no mirarás en el interior, tus ojos no te lo permiten. Ahora por fin he encontrado al único que puede amarme por lo que realmente soy, sólo Narcisso es mi compañero perfecto.
La consciencia es algo tan frágil. Se aleja de mí y el mundo desaparece, sólo espero haber muerto para poder tomar la mano de Narcisso y abrazarle con fuerza.

Vuelvo estar en el hospital, el olor a desinfectante me llena las fosas nasales, me han intubado y siento nauseas. Dónde está Narcisso?
Iren está a mi lado, se mira las manos, no siendo capaz de mirarme.

-Dónde está Narcisso?
Mi voz suena algo ronca, pero segura, he pasado los últimos días hablando con mi reflejo.
Iren levanta la vista sorprendida, y vuelve a apartarla incapaz de enfrentar mi rostro deformado.
Está a punto de llamar a una enfermera. Pero no se lo permito, tomo su muñeca con fuerza, parece que he pasado muchos días inconsciente y el suero me ha revitalizado.
Ella me mira asustada. Ya no despierto ningún cálido sentimiento en ella. Maldita hipócrita superficial, nunca me has conocido…
-¿dónde hay un espejo?
Ella balbucea
-¿Dónde hay un espejo?!
Mi saliva espesa salpica su cara y ella gime asustada intentando zafarse de mi zarpa.
Parece que mi grito ha alertado a las enfermeras y entran en tromba, me anestesian y yo dirijo una mirada de odio a Iren, ahora para ella soy un monstruo en todos los sentidos. si, mejor así. Tú no puedes entenderme.
Narciso Narcisso NARCISSO
Sólo quiero estar contigo, que me mires mientras te hablo, que sigas mis movimientos armoniosamente.
me pongo en pie como puedo, empujo a Iren y corro hasta el baño derribando el gotero que se arranca dolorosamente de mi brazo.
Cierro la puerta de acordeón y ahí está. Narcisso.
Me he levantado demasiado rápido, estoy demasiado débil. Mi mano toca el espejo del baño, la mano de Narcisso se junta con ella, mis ojos se nublan y pierdo el conocimiento.

En medio de la oscuridad oigo un tarareo con una voz conocida.
Mi voz tararea una canción que no conozco, siento unas manos acariciandome el pelo, mi cabeza está apoyada sobre un regazo.
Reconozco la voz, es la mía, reconozco el tacto, son mis manos, reconozco el olor. Narcisso
cuando abro los ojos no puedo creerlo, mi reflejo, mi otro yo, Narcisso mirándome con toda la ternura del mundo.
Miro a un lado y una superficie de cristal nos separa del baño del hospital.

-Por fin estamos juntos,-dice mi voz

Y el rostro más hermoso del mundo se inclina sobre el mio, los labios más suaves del mundo se posan en los míos y todo vuelve a tener sentido.

Hay personas que se pasan la vida diciendo que van a suicidarse y curiosamente esas personas suelen vivir más que la mayoría. Luego hay personas normales, que viven vidas normales y de repente un día saltan a la vía del tren. Así, sin más. Todos se sorprenden y dicen “era una persona normal, era amable, era simpático…jamás lo hubiera dicho”

Yo soy una de esas personas normales, con vidas normales que suele pasar desapercibida para la mayoría de personas. Que ocupa el lugar justo en el mundo y no da problemas, nadie habla de mí en el trabajo, ni los vecinos me mencionan. Un día tras otro sin molestar al mundo con mi presencia. Silencioso, tranquilo, con una ligera sonrisa de labios apretados cuando tengo que interactuar con los demás.

No me planteaba nada, no tenía ningún gran sueño ni deseo que cumplir. Levantarme, ir a trabajar, comer, dormir y vuelta a empezar.

Pero igual que un día una persona normal se tira a la vía del tren, yo vi algo que me impactó y me hizo cambiar.

Estaba en la sala de espera del dentista y comencé a ojear una de las manoseadas revistas que había en una mesita junto a mi asiento. Era un número del national geographic de dos años atrás; un especial sobre Irlanda que ojeé distraídamente. Los verdes valles pasaron inadvertidamente frente a mis ojos, los rostros de cabellos pelirrojos, las ovejas de cara negra, el logo de Guinnes y el arpa junto al trébol.

Cada vez pasaba las páginas más rápido, aburrido, deseando acabar la revista para coger otra y continuar con el ritual hasta que la voz de la ayudante del dentista dijera mi nombre. Pero me detuve en una imagen que ocupaba dos páginas, abrí los ojos y emití un ligerísimo jadeo.

La impresiónate foto mostraba un acantilado desde el que se veían las olas romper contra su pie. La imagen me resultó tan atrayente e inmersiva, que casi puede sentir la fría brisa cortante, el olor de la sal y el ensordecedor sonido del oleaje.

Leí el pie de página, “Moher cliffs”.

Sin casi darme cuenta, abrí los labios y dije en voz baja.

“Que buen sitio para morir”

Entonces fui consciente que quería morir, que quería que ese acantilado me despidiera antes de que el mar embravecido me abrazara para siempre.

Una vez leí que los japoneses se quitan los zapatos antes de suicidarse. No recuerdo el porque.

Yo lo que hice fue limpiar mi casa, no dejé ni una mota de polvo. No tenía ningún animal del que preocuparme, así que eso estaba resuelto. No tenía nada de lo que me avergonzara que encontraran en casa cuando entraran en ella después de mi muerte. Así que sólo limpié, tiré toda la comida que podía estropearse y apestar.

No dejé una nota, no llamé a ningún familiar o amigo. Sólo hice una pequeña maleta y compré un billete de avión a Irlanda.

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