El Templo del Ocaso

Blog de relatos de escritores novel. Fantasía, Terror, Romance...


OCEÁNIDE
(relato erótico)



Y esa imagen me golpeó, igual que me golpeaba la brisa salada. Esa oscuridad sin estrellas cubriéndome como un impresionante manto de infinito.
No podía evitar temblar, pero a la vez sentía esa inmensidad llenándome y haciéndome sentir pequeña. El sonido del furioso oleaje llenando mis oídos y la fuerza con la que golpeaba las rocas estremeciéndome.
Cuando solo unos metros atrás estaba el club náutico de mis padres. Tanto ajetreo, tanta superficialidad. Ricos riendo y exhibiéndose, mientras yo recorría la cocina dando órdenes sin descanso para que todo fuera perfecto en la fiesta de ellos. Ellos.
¿Y yo? Yo.
Yo estaba sola aun rodeada de gente, yo me moría de soledad rodeada de gente que veía a través de mi como si yo fuera un fantasma, como si no fuera absolutamente nada.
Cuando realmente no podía más, cuando mi pecho dolía y las lágrimas se agolpaban en mis ojos mientras los demás reían. Entonces la soledad y oscuridad de la pequeña playa privada me serenaba.
Las lágrimas se las llevaba la brisa salada y mi pecho dolorido se sobrecogía con la fuerza de la naturaleza. Esa playa sin iluminación era mi mejor refugio.
Caminaba descalza hasta que mis pies eran lamidos por las olas y mi cabello volaba alrededor de mi cabeza. La sal llenando mi nariz hasta saturar los pulmones, todo eso me devolvía la vida y borraba la realidad.
Pero cuando volvía al club todo me golpeaba de nuevo y solo quería desaparecer. Correr hacia las olas y zambullirme para siempre.

Aquella noche el mar estaba terriblemente embravecido y eso me despejaba. Los hijos de Ellos me miraban con desprecio y burla. La sierva cuyos padres querían que fuera algo más uniéndome a ellos, pero jamás lo seria. Yo lo sabía y no quería estar con Ellos.
Yo no era como Ellos.

Arroje los zapatos a los pies de la escalera trasera de la cocina del club y deseando arrancarme el conjunto de ropa que era una replica exacta de la que llevaban Ellos y yo odiaba. Pero solo corrí hacia la oscuridad, guiada por el fuerte sonido del oleaje.

Quizá aquella noche podría ser capaz. Dejar que las olas me engulleran de una vez y unirme a la inmensidad salada.
El cosquilleo de la arena recorría mis piernas hasta el vientre y las lágrimas volaban y se enredaban en mi cabello.
Si, esa noche podría ser, era realmente esa noche en la que todo el dolor desaparecería.

Pero una imagen me hizo parar en seco con un estremecimiento en el pecho. Alguien estaba de pie en el borde de la playa y miraba hacia mí. La oscuridad era total, solo las luces lejanas dejaban adivinar los contornos y ese alguien estaba encarado hacia mí.
Sentí que el destino me traicionaba al poner ese obstáculo entre mí y mi liberación.

-Es una playa privada!- hable en alto sobre el estruendo del oleaje.
La silueta no se movió.
Quizá no entendía mi idioma. Muchos extranjeros veraneaban en esta zona y estaba segura que no era ningún miembro del club.
Mi frustración me dio el valor para acercarme un poco más.
-Go out, please. This is a private beach.
La silueta continuó inmovil.
Sabía que esa actitud podía serla de alguien que guardara malas intenciones. Al fin y al cabo, estábamos los dos solos en medio de una oscuridad tremenda y yo no podría escapar.
Pero esa noche yo quería mi liberación, no deseaba correr hacia la falsa salvación que había a mis espaldas.
Me acerqué un poco más y en ese momento el faro que estaba a lo lejos giró y me proporcionó la suficiente luz para reconocer a la persona que había frente a mí.
Un jadeo murió en mi garganta y di un paso atrás.
Era un hombre, un hombre joven totalmente desnudo.
Sabía que tenía que huir, quizá era un extranjero borracho que se había extraviado y en tales circunstancias podría intentar abusar de mi. Pero algo me retuvo, mi vista quedo clavada en sus ojos. Esos ojos mostraban una profunda tristeza que me atravesó.
Esos ojos decían “por favor, no te vayas”.
Me quedé inmóvil mirando esos ojos desesperados.
Intentó caminar hacia mi, pero perdió el equilibrio. En ese instante tendría que haberme girado y corrido hacia el club, pero inexplicablemente, el instinto me hizo correr y sujetarle antes de que cayera al suelo.
¿Estaba borracho? Sus ojos estaban demasiado lucidos y me estremecí de pies a cabeza cuando su rostro se encontró a pocos centímetros del mío. Su cuerpo estaba frío y húmedo como si hubiera salido del mar poco antes. Su largo cabello goteó sobre mi rostro mientras se inclinaba para enfrentar mi mirada.
Esos ojos. Azul, verde, cristal…no podría decirlo con seguridad. Eran todo a un tiempo, esos iris eran el mar y el cabello tan claro que carecía de color.
Mis manos aferraban con fuerza su bíceps y sentí la fuerza de su cuerpo y la tersura de su piel de color indefinido. No pude evitar emitir un jadeo mientras su mirada y el contacto de su cuerpo apoyándose contra el mío me atrapaban.
Su mirada ya no mostraba pesar, se acuclilló frente a mí y no pude evitar hacer lo mismo a su lado. Una de mis manos continuaba aferrando el fuerte músculo de su brazo mientras la otra caía a un lado.
Él alzó una de sus manos, el faro ya había girado y volvíamos a estar terriblemente oscuros. Esa mano masculina era grande y de hermosos dedos largos, palpó mi rostro con delicadeza y su contacto me hizo estremecer. Él emitió un jadeo mientras me acariciaba y ese sonido masculino hizo que un extraño cosquilleo me recorriera el vientre.
Sin darme cuenta empecé a acariciarle el brazo, él inclinó el rostro con deleite y posó su mejilla lampiña contra la mía. Mi corazón dio un vuelco y mi respiración se aceleró.
Cogió mis dos manos y guiándolas las hizo pasear por su pecho desnudo. El cosquilleo en mi bajo vientre se intensifico, estaba anhelante.
Sabía que no debía estar allí haciendo esto con un desconocido, pero de algún modo, me sentía más bien y segura de lo que me había sentido en toda mi vida. Él no desentonaba en mi refugio oscuro, el sonido del furioso oleaje era apropiado y el viento salado mezclando el cabellos de ambos.
Vi la nota discordante, la horrible ropa que pretendía hacerme pasar por una de Ellos, una del club.
Me la quité con furia arrojándola al mar para que se la llevara para siempre. Los ojos de él sonrieron, pude verlo a pesar de la oscuridad, le tenía tan cerca.
Me encogí y mis brazos rodearon mi pecho por instinto mientras encogía las piernas para ocultar mi sexo. Podía oír la respiración de él, se había vuelto profunda. Su pecho subía y bajaba y no pude evitar bajar más la mirada y ver como se había endurecido. Su sexo se extendía sobre su bajo vientre mostrando su deseo.
En esos momentos debería haber sentido miedo. Pero nadie había sentido deseo por mí y aunque ya sabía lo que era estar con un hombre, él no me había deseado realmente. Pero aquel desconocido que poseía una hermosura sobrecogedora y un cuerpo de una perfección y fuerza inhumana, mostraba su deseo al contemplarme a mí.
De algún modo eso me hizo sentir tan bien que me relajé. Dejé caer mis manos y me erguí para que pudiera ver todo mi cuerpo como yo veía el suyo.
Sus manos se posaron en mis hombros y comenzaron a bajar lentamente, acariciando mis pechos, que reaccionaron a su contacto y se endurecieron.
Rodeo mi cintura y me apretó contra si.
Mis pechos contra su pecho, mi vientre contra el suyo y su duro sexo apretando el mío.
Su rostro se frotó contra el mío, su cabello y piel humeadme cosquilleaban y el intenso olor a sal y algas de su piel me embriagaba.
Mi bajo vientre sentía una urgencia que me hacia desesperar, emanaba un calor que me recorrió todo el cuerpo.
Sus labios se posaron en mi pómulo y su cercanía me excitaba sobremanera.

No existía nada más, el sonido del mar y la oscuridad nos cubría, casi podía creer que era un sueño y por dios que no quería despertar.

Bajé mis manos para continuar acariciando su piel húmeda mientras él exploraba mi rostro y cuello con sus suaves labios.
Cada caricia enviaba electricidad a través de mis dedos. Rocé su sexo y apártela mano avergonzada, pero el se percató y paró sus besos para tomar una de mis manos. Dejé que lo hiciera.
La acercó a su sexo y me hizo acariciarle, el contacto me envió más oleadas de calor. Esa piel era mucho más suave que la del resto del cuerpo y mi mano se movió por si sola encantada de sentir esa suavidad y dureza. Él comenzó a sisear de placer y sus ojos de mar me miraron con una intensa pasión. Sus labios se abalanzaron sobre los míos y me besó con desesperación, yo le devolví el beso sintiendo mi pecho rebosante de excitación, mientras continuaba acariciando su dureza y con la otra mano le cogía la nuca y le apretaba más contra mí.
Él se sentó en la arena y me sentó sobre él, mi humedad cubrió la base de su sexo y eso le incitó, haciendo que se endureciera más.
Nos abrazamos con fuerza mientras nuestras bocas y lenguas se fundían.
Pero queríamos más, yo lo sentía y él lo sentía.
Alcé las caderas y me coloqué hasta sentir la punta de su sexo en la entrada del mío.
Ambos proferimos profundos gemidos mientras yo bajaba lentamente para hacerle entrar en mí.
Jamás había sentido algo así, El mundo dejó de existir a nuestro alrededor. Ni el tiempo existía, solo él y yo. Me había llenado por completo y esa sensación de plenitud me recorrió hasta el alma.
Me moví arriba y abajo y el siguió mi movimiento con sus caderas. Primero despacio, luego cada vez más rápido.
Abrazados nos mirábamos a los ojos mientras gemíamos de placer. Podía oír su corazón latiendo con fuerza y el sonido se unía al del mío, latiendo al unísono.
Tun-tun, tun-tun
Incluso el sonido del mar se apago, solo podía oír nuestros corazones y respiraciones mientras cada embestida me hacia estremecer y casi perder el sentido por el placer.
Su abrazo se hizo más fuerte y su ceño se frunció con sentimiento. Yo sentía lo mismo, realmente estaba apunto de explotar y clavé las uñas en su espalda con fuerza.
Él se apretó aun más y aceleramos el movimiento. Me sentía tan deliciosamente llena, aspiré el mar en su largo cabello descolorido y le miré a los ojos.
Sosteniéndonos la mirada sentí mi interior tan lleno que no podía contenerlo.
Aceleramos más y más hasta que casi se me nubló la vista y ambos explotamos. Por unos segundos sentí que nuestros cuerpos desaparecían y nos habíamos fundido en el infinito.
Caímos abrazados hacia un lado y la arena nos acogió. Mis ojos se cerraron satisfechos y sintiéndome protegían y plena en sus fuertes brazos. Él beso mis labios con delicadeza y susurró algo que no pude entender.

“Alba!!” se oía desde la lejanía.
“Alba, donde estás!!”
¿Me había dormido? Y alguien me buscaba. Claro, me había dormido en la playa y todo había sido un sueño. Pero, estaba desnuda y sentía la humedad resbalando entre mis piernas.
Una mano toco la mía y abrí los ojos de súbito. Él estaba a mi lado y me miró con apremio. Luego miró en la dirección de la voz que me llamaba y después al mar.

Tiró de mi mano, pero yo estaba anonadada.
“Alba!!” continuaba gritando la voz. Si se acercaba más pronto podría verles.
Él se puso en pie y caminó torpemente hacia el agua se adentró y a medida que el agua le iba cubriendo, sus movimientos se hicieron más seguros y fluidos.
Cuando el agua ya le cubría hasta la cintura, se giró y me miró con tristeza, su visión me rompió el corazón.
Levantó una de sus hermosas manos y la dirigió hacia mi.¿Quería que fuera con él?
La voz continuaba llamando. ¿Tenia que volver al lugar del que había salido y dejar que cada día volviera a ser igual?¿debía regresar para volver a desear morir?
Le volví a mirar y su mano continuaba alzada aunque se había adentrado más en el mar. Las olas le golpeaban con furia pero el solo me miraba.
No lo dudé.
Me puse en pie y corrí hacia el agua. El frío me golpeó como agujas, pero no hice caso. Solo quería llegar a él y volver a sentirle junto a mi.
Me dedicó la sonrisa más hermosa del mundo y abrió sus brazos, me arroje a ellos y nos apretamos con fuerza. Me sentí bien al instante.
“Alba, nooo!!” la voz gritó con desesperación.
No miré atrás.
Él me beso y nos zambullimos.
Nos hundíamos cada vez más, no dejó de besarme en ningún momento.
Íbamos a morir ahogados, ya estábamos tan profundo que no había marcha atrás. No me importaba, prefería morir con él que vivir sola.
Pero no morimos, por algún extraño milagro no morimos.
-Ya no volveremos a separarnos- me dijo. Y a pesar de estar metros y metros bajo el agua, le pude oír y contestarle mientras mis pulmones se llenaban de agua y respiraban.
-Me llevas de vuelta a casa, ¿verdad?-

5 comentarios:

¡Wow! Estoy con la boca abierta y la líbido por las nubes. Increíble el relato. ¡Deberías escrbir más relatos eróticos! Te ha quedado bordado.

Un sueño que muchas desearíamos cumplir. ¿Quién no ha sentido que no ancajaba en su vida? Y menudo final.

este relato me suena...
diria k ya lo habia leido, si no este uno parecido...

Aunque ya lo había leido y te había dado mi opinión, te lo vuelvo a decir, este relato es sublime de arriba a abajo. ¡Enhorabuena!

si, lo escribí para el concurso de relatos eróticos del foro CO.
ya veré si escribo más de estos XD
con las escenas hot que tengo que poner por Crystallus, de momento voy servida.
gracias ^^

yo tambien lo había leido en el foro CO, pero igualmente te vuelvo a decir que es la leche. Sobre todo me gusta el final ^^

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