El Templo del Ocaso

Blog de relatos de escritores novel. Fantasía, Terror, Romance...




- Te digo que está maldita - aseveró la voz de Jane.
- Oh, vamos. No existen las maldiciones y lo sabes - dijo Esther, riéndose de su supersticiosa amiga. - Has visto demasiadas pelis japonesas.
Jane frunció el ceño y resopló.
- Las gentes del pueblo ni siquiera se acercan a ella, dicen que la gente desaparece, y que por las noches se ven cosas raras.
Esther rió de nuevo.
- ¿Cosas raras? Vamos, Jane. - se burló- Eres una futura psicóloga, no deberías creer en esas cosas. Son solo leyendas de gente supersticiosa que ha vivido toda su vida encerrada en un pueblo.
Jane miró la casa que se alzaba al otro lado del camino y tragó saliva. Esther se burlaba, pero había algo en aquel lugar que le ponía los pelos de punta.
La antigua mansión de piedra y ladrillo se alzaba sobre un terreno desbordado de matorrales, árboles y espinos. Sus paredes de ladrillo estaban cubiertas de hiedra y las labradas ventanas con vidrieras, antaño majestuosas, estaban ahora rotas y ennegrecidas por el incendio que, según los aldeanos, había devorado la casa de dos plantas junto con la última familia que habitó allí hace diez años.
- Di lo que quieras - le dijo Jane, nerviosa - pero he leído que más de cinco familias han muerto en extrañas circunstancias, o han desaparecido …
- No me vengas con rollos de pueblerinos - la cortó Esther. - Estoy cansada, hambrienta, y necesito un baño. - se quejó- Eso sólo son cuentos para atraer turistas.
Curiosamente, la casa no había sufrido daños graves, y la estructura se mantenía sólida e inamovible. Y terrorífica, pensó Jane.
La policía no había podido esclarecer los hechos del último caso pero, según había leído en la página Web del pueblo, estos creían que había sido el hombre que después de dos días de haberse mudado, les dijo a todos que su mujer y sus hijas habían sido devoradas por monstruos. Así que para “purificar la casa” la quemó. Con él dentro.
El único cadáver que se había encontrado había sido el hombre, así que se había creído que había asesinado a su familia y luego se había suicidado tras ocultar los cuerpos.
Habían habido varios casos de desapariciones en aquella misma casa, acaecidos muchos años antes de este último. Pero no quedaban testigos ni habían datos, así que se consideraban supersticiones achacadas a las fantasías de la gente de los alrededores, que habían empezado tras la muerte en extrañas circunstancias del constructor y el primer propietario, presumiblemente asesinados por un enloquecido caníbal que no había sido encontrado.
Esther, parada a su lado, soltó un suspiro irritado.
- Será mejor que nos demos prisa, quiero llegar al hostal y ducharme antes de empezar con el trabajo de mañana. - dijo.
Ambas se encaminaron al pueblo a paso vivo, alejándose de la tétrica mansión. Jane no pudo evitar girarse por última vez para mirar de reojo las ventanas de la casa. Y se detuvo.
- ¡Vamos, Jane! ¡Déjalo ya! - gritó Esther - Te quedarás atrás.
La joven se dio prisa en alcanzar a su compañera, su corazón latía frenético.
Juraría que había visto a alguien mirándolas desde una de las ventanas del segundo piso.

- ¡¡¿Cómo que no tienen habitaciones?!! - gritaba Esther furiosa media hora después.
- Lo-lo siento señorita, pe-pero el hostal está cerrado - dijo el joven, nervioso ante la agresividad de la mujer. - Ce-cerramos hace ayer por …
- ¡¡Me importa una mierda que haya pasado!! - chillaba la joven - ¡¡He pagado por una habitación y la quiero!!
- Tranquila Esther … seguro que podemos arreglarlo … - Jane se interrumpió con un suspiro cuando Esther se giró furiosa hacia ella. Le lanzó una mirada compasiva al chico, ser el blanco de la furia de su amiga no era nada aconsejable.
La gente del pueblo empezaba a reunirse a su alrededor. No todos los días tenían un espectáculo semejante. ¡Una chica loca le estaba gritando al pobre Dough!
- Tienen que arreglar esto. ¡Exijo que esto se arregle!
- Y-ya enviamos un men-mensaje a los cli-clientes que tenían habi-habitaciones reservadas - tartamudeó el joven con dificultad. - Es-esta ma-mañana les de-devolvimos el di-din …
- ¡¡Me da igual!! - dijo furiosa Esther, su cara roja como la grana - ¿Qué hago yo ahora? ¿Acampar? ¡¡No hay un maldito hostal en todo el pueblo!!
- Tal vez pueda volver a su casa, señorita - dijo un hombre, molesto. La gente empezaba a mirarlas con furia y una de las ancianas que se habían acercado meneó el bastón con actitud amenazadora.
Jane hizo una mueca, esto se estaba poniendo cada vez peor.
- ¿Y esperas que camine de nuevo una hora hasta la estación? ¿¡No te jode!? - le increpó Esther - ¡Cómo no tienes que hacerlo tú!
La cara del hombre empezó a enrojecer de furia.
Jane cogió a Esther del brazo y la sacó del coro de gente furibunda, temerosa por su amiga y por ella misma.
- ¿Qué coño haces? - le siseó Esther.
- Cálmate un poco, tía. La gente está muy tensa por aquí y vamos a acabar mal. - le dijo intentando calmarla.
- Que se vayan todos a la mierda. - dijo con una mueca furiosa- ¿Y ahora qué hacemos, eh? ¿Dónde dormimos? No conocemos el maldito pueblo y no pienso dormir en el suelo. Ni hablar. Quiero la habitación por la que pagué …
- Tal vez podamos pedirles que nos dejen una por una noche. Al fin y al cabo nos iremos mañana …
Las jóvenes volvieron su cabeza hacia le gente, que las miraba hablando entre susurros enfadados. El joven que las había atendido parecía haber recobrado algo de seguridad en sí mismo rodeado de sus camaradas y las miraba abiertamente hostil. No era una mirada comprensiva, y no parecía dispuesto a concederles nada.
Jane suspiró.
- Será mejor que nos larguemos de aquí, vamos a tener que olvidarnos de preguntarles si quieren hacer el maldito test para el trabajo - dijo girándose hacia su amiga. Jane parpadeó cuando vio que Esther sonreía. - ¿Qué pasa?
- Tengo la solución perfecta, y además no tendremos que pagar. - dijo mientras su sonrisa se hacía más amplia.
Jane tragó saliva.
Sus ideas nunca eran buenas.

- No pienso dormir en esa casa.
- Oh, vamos Jane. No me jodas - le dijo Esther riéndose - Es sólo una casa, y al menos no tendremos que dormir en el suelo del bosque. Además, solo será una noche- Jane hizo una mueca desesperada, sabiéndose derrotada de antemano. Cuando a Esther se le metía algo en la cabeza no había quién la hiciese cambiar de idea- ¿Preferirías dormir en el bosque o en un parque con el frío que hace? - preguntó con fingida sorpresa mientras saltaba lo que quedaba de la verja de hierro, hundida entre los matorrales. La joven se encaminó hacia la mansión de piedra con su mochila cargada al hombro, abriendo un camino entre las plantas que habían colonizado el jardín.
Jane miró de un lado a otro, empezaba a anochecer. Y, curiosamente, la casa parecía casi … invitadora. Un suave susurro entre los matorrales al otro lado del camino le hizo dar un salto. Se rió de sí misma cuando pequeño conejo surgió brincando de entre las plantas.
- ¿A qué esperas? ¡Vamos! - le gritó. - ¡Ayúdame con esto!
Jane avanzo nerviosamente tras su amiga, que se había parado en la puerta de la casa, e intentaba quitar los podridos tablones que la tapiaban.
- Esther … - dijo nerviosa Jane mientras su amiga quitaba el último tablón y lo tiraba al maltrecho jardín.
- ¿Qué pasa? - preguntó ella.
- Creo que … creo que antes he visto al alguien en la ventana de arriba. - le dijo nerviosa.
Esther dejó de empujar la puerta y la miró con curiosidad. Ambas alzaron la cabeza a las destrozadas ventanas de la casa.
- Mira - dijo Esther - No te preocupes, tía. Seguro que sería algún crío que se habrá colado por una ventana con sus amigotes. - La chica miró a su amiga seriamente y suspiró - Los fantasmas y las chorradas de esas no existen. - afirmó- Vamos a tener un lugar calentito y seguro donde pasar la noche, así que deja de rallarte.
- Vale, lo siento. Ya sabes que nunca he soportado ver las películas de terror hasta el final.
- Sí - rió Esther - siempre te cagas, cierras los ojos y te tapas los oídos. Venga, vamos, esto ya está.
Las chicas entraron en la vieja mansión, una con alivio, la otra con miedo.
Un escalofrío recorrió la espalda de Jane cuando Esther cerró la puerta.

Las últimas luces del día se colaban por los cristales rotos de las ventanas trayendo consigo el frío que en aquellas zonas montañosas precedía a la noche.
Las chicas habían dejado las mochilas sobre los restos de un viejo sofá medio calcinado y estaban intentando encender la chimenea con trozos de distintos muebles. O de lo que habían sido muebles.
- Maldita sea, esto no prende. Dame el encendedor.
Jane le alcanzó el mechero a su amiga mientras se frotaba los brazos. Cada vez hacía más frío.
- Es este maldito clima- dijo- en seguida empieza a hacer frío.
- Menos mal que no estamos en el bosque, ¿eh? - le dijo Esther - sino nos helaríamos por la noche y por la mañana seríamos carámbanos.
Jane sonrió, su amiga estaba recuperando el buen humor.
La casa era una reliquia casi por entero en mármol blanco y negro. Todos los techos tenían molduras, aunque ennegrecidas, y sobre las paredes se veían restos de papel pintado del que ahora quedaba bien poco. Con un solo vistazo, habían apreciado la calidad de los muebles, o lo que quedaba de ellos, y de los materiales empleados en la construcción.
La salita en la que se hallaban ahora tenía el suelo de un mármol negro reluciente, y varios restos de sofás alrededor de una chimenea barroca, llena de querubines y ángeles en sus postes que cien años atrás habrían sido dorados y blancos. Ahora no eran más que grotescas formas que había formado el metal derretido.
- ¡Ajáaa! - gritó Esther cuando el fuego comenzó a arder con una pequeña llama. - Esto ya está.
Se giró hacia Jane.
- ¿Por qué no vas tú a por un par de sábanas o algo para tapar las ventanas? Sino no hará mucho efecto. - al ver la cara de su amiga, Esther resopló. - ¡Serás miedica! Ya voy yo …
Esther se alejó por el pasillo y subió las escaleras del vestíbulo mientras Jane la miraba ruborizada.
La chica se giró a observar como el fuego crecía y consumía la madera, al cabo de cinco minutos empezó a ponerse nerviosa pero descartó sus miedos sintiéndose ridícula. Los monstruos no existen, se dijo.
Diez minutos después decidió ir tras su amiga, preocupada.
Cuando cruzaba la puerta escuchó un extraño ruido proveniente de arriba. Subió las escaleras hasta el rellano del piso superior llamando a Esther.
“Grrreeecc”, escuchó otra vez. Sonaba como si alguien estuviese haciendo gárgaras. Frunció el ceño mientras encendía el mechero para iluminar el camino, en aquella zona de la casa no entraba casi luz por las ennegrecidas ventanas.
“Greeeecccccc” Jane tragó saliva y rió nerviosamente, asustada.
- Deja de hacer eso, cabrona - dijo a la oscuridad- sé que intentas asustarme y no tiene gracia.
“Grrreeeccccccccc“, el sonido provenía de una puerta entreabierta, a su izquierda. Empezaban a quemarle los dedos de tener encendido el mechero, pero no lo notaba, la mano que agarró el picaporte le temblaba y su frente te perló de sudor frío.
Empujó firmemente y abrió la ennegrecida puerta de par en par, los goznes protestaron chirriando.
La habitación estaba en penumbra y la suave luz de la luna iluminaba una figura vestida de blanco, inclinada al lado de la cama. Sobre la cama algo se movía produciendo ese espeluznante sonido. Un oscuro charco de sangre manchaba unas sábanas tiradas en el suelo, por otra parte impolutamente blancas.
- ¿Esther? - gimoteó Jane.
- Dulce, dulce … - canturreaba la figura inclinada con una suave y bella voz.
La figura de la cama dejó de debatirse y se quedó inmóvil tras un prolongado gemido agónico.
- ¿Esther? - lloró Jane mientras lágrimas de pánico y angustia bajaban por sus mejillas.- ¡Basta ya! - gritó agónicamente.
La figura dejó de cantar y se alzó. Dos oscuras cuencas negras en las que titilaban pequeños puntos blancos la observaron atentamente. La piel translúcida dejaba ver sus venas purpúreas, de lo que parecía una puntiaguda barbilla goteaba el líquido espeso y rojo de la vida, y del agujero que era su boca sobresalían colmillos afilados, manchados con sangre. La cosa pareció sonreírle mientras masticaba un trozo de carne.
Jane gritó mientras echaba a correr y el mechero caía al suelo, dejándolo todo a oscuras.
Corrió y corrió saltando las escaleras y empujando las puertas hasta salir al jardín, donde tropezó y cayó al suelo, llorando mientras temblaba, incapaz de levantarse. La joven se acurrucó, tapándose los oídos con las manos y cerrando fuertemente los ojos.
- Es una pesadilla, es una pesadilla - se repetía a sí misma - pronto acabará, todo acabará.
Pero aún así pudo sentir como un grupo de aquellas cosas se arrastraban hasta ella. Cómo las largas garras de uno de ellos aferraba un tobillo e hincaba los horrendos colmillos en su piel.
Aún así, pudo oír la dulce voz del monstruo que había devorado la debatiente figura de Esther, cantando.
- Dulce, dulce. Ven, ven a mí, dulce …

7 comentarios:

O.O Me encanta!! Esta tienes k seguirla sea como sea

¡Gracias Crow!

Ésta fue la histo que presenté al concurso de Relatos de Terror del Foro.

ahh!!
no sabía que esta era la tuya!!
me dio muchísima angustia cuando la leí y fue una de mis votadas.
muy buena!

Yo tampoco recordaba que esta era tu historia ^^ pero fue una de las que más me gusto. Muy buena Nessa !

Ya la había leido, pero me gusta mucho, es muy agobiante. De verdad, no me gustaría encontrarme con esas cosas jajaja

Muchas gracias chicas. Me anima mucho vuestros comentarios.

Es impresionante, muy buena Nessa! ^^

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