El Templo del Ocaso

Blog de relatos de escritores novel. Fantasía, Terror, Romance...


LA CÚPULA DE CRISTAL

Cuando era niña, hace mucho mucho tiempo, encontré un prado que estaba oculto tras una zona llena de zarzales. El prado tenía todas las variedades de flores que se pudieran imaginar, era un manto arcoiris hermosisimo y fragante. En el centro había una enorme cúpula de cristal y en su interior un niño dormido entre las flores.
Toqué la superficie de la cúpula y el tacto era cálido, en ese momento el niño abrió los ojos y me miró. En aquellos momento pensé que era un hada como las de los cuentos de mi abuelo.
Cuando se puso en pie, vi que tenía el pelo de todos los colores del arcoiris y estos iban cambiando como si tuvieran vida propia, sus ojos eran brillantes como canicas y su piel morena como la corteza de un árbol, pero parecía que tuviera el tacto del melocotón.
El niño me miró con curiosidad.
-Hola- le dije-Soy Sara ¿y tú?
-Prisma-me contestó con una voz que me recordó a una campanilla de cristal.
-¿Vives aquí?
-Si.
-¿y tus papas?
El niño ladeó la cabeza y los colores de su pelo cambiaron siguiendo el movimiento.
-¿No tienes?- le dije con tristeza- no pasa nada, yo te haré compañía.¿quieres?
Sus ojos brillantes me miraron sin comprender pero dio unos pasos hacia el cristal que nos separaba.Miró mi mano posada en él y levantó la suya para ponerla a la misma altura que la mía.
sonrió un poco.
-si quiero...

Nos sentamos con las piernas cruzadas el uno frente al otro y comenzamos a hablar.
Cuando eres pequeño, no te sorprendes por cosas así, das por hecho que todo es natural. Así que el encontrar a Prisma sólo me hacía pensar que había encontrado a un hada o elfo como los de los cuentos. En los cuentos los niños siempre podían hablar con ellos, así que me pareció normal.
Le pregunté si era un hada o elfo, pero me dijo que no. Le pregunté porque estaba dentro de la cúpula pero me dijo que no lo sabía. No sabía nada sobre si mismo más que su nombre.
Sin embargo sabía muchisimas más cosas y me encantaba escucharlas como cuando mi abuelo vivía y me contaba todos esos cuentos de hadas.

-Mira ese rayo de luz que se filtra entre las ramas de los árboles- me dijo un día Prisma.
Me puse en pie de un salto y corrí hacía el rayo de sol, lo atravesé con la mano y me quedé maravillada viendo como la hacía brillar.
-¿Qué ves?- me preguntó en alto para que pudiera oírle.
Miré la luz con detenimiento y entonces vi unos diminutos puntitos brillantes que parecían volar de un lado para otro, había muchisimos y se lo dije a Prisma.

-Son los Cromolumos. Viven en la luz.
Ellos dan color a las cosas, cuanto más hay, más vivo es el color y cuando no están, todo es negro.
Encontré perfectamente coherente lo que me decía. Por eso cuando mama apagaba la luz por las noches, todo se volvía negro. Los Cromolumos se habían ido.

Todos los días iba a ver a Prisma, a veces sólo escuchaba sus historias y otras jugábamos como podíamos a pesar de estar separados por un cristal. Uno de los juegos hacer una carrera corriendo resiguiendo el borde de la cúpula hasta el punto inicial.
otro día llevé unas ceras de colores, a Prisma le emocionaron mucho. Para que él también pudiera dibujar con ellas, movía un dedo sobre el cristal y yo lo seguía con una de las ceras hasta que completaba el dibujo. También jugábamos a adivinar que era el dibujo, el que lo hacía antes de que se completára, ganaba.

Una semana estuvo tres días seguidos lloviendo y no pude ir a ver a Prisma, cuando por fin despejó, corrí hacia el prado oculto y le encontré dentro de su cúpula mirando el cielo.
Un enorme arcoiris cruzaba el cielo. Era impresionante.
-Los Cromolumos están contentos porque por fin ha salido el sol y lo están celebrando.

-¿Ellos han hecho el arcoiris?
Prisma asintió.
-Si, normalmente están unidos para formar cada matiz de color. Pero cuando para de llover, se dividen en los siete y hacen una cinta.

-Prisma, ¿cual es la palabra mágica para que puedas salir de la cúpula?- le pregunté un día.
-No lo se- me dijo sin darle importancia.
-Entonces la averiguaré, te liberare y nos casaremos!- le dije con toda mi inocencia infantil.
Prisma me sonrió.
-Vale.
En los cuentos, llegado a esta parte, el niño o niña que encuentra al ser mágico, tiene que irse del lugar y olvida a ese ser, pensando que sólo fue una fantasía infantil.
A mi no me pasó eso. Pasaban los años y Prisma siempre seguía en el prado, crecía al igual que lo hacía yo y estábamos muy unidos a pesar de no poder tocarnos. Él me hablaba del lenguaje de las nubes, las flores y el agua. también me dijo que no sabía que era el viento e intenté explicarle la sensación del viento. pero no parecía entenderlo del todo. Le llevaba libros ilustrados para enseñarle como era el mundo más allá del prado.
-¿No te da miedo vivir en un mundo así? Me alegro de estar encerado... - me dijo un día que le enseñé un libro de grandes ciudades.
-No digas eso Pris- al llegar a la adolescencia había comenzado a llamarle así - Yo estaría contigo y no tenemos porque ir a esos sitios, podemos quedarnos siempre aquí. es un pueblo pequeño y acogedor.
Yo había adquirido la costumbre de hablar dando por sentado que algún día Prisma saldría de la cúpula, él nunca decía nada sobre eso, pero veía su mirada melancólica.

Un día cuando tenía quince años, al ir a ver a Prisma, me senté contra el cristal quedando de espaldas a él.

-Un chico de mi clase me ha pedido que salga con él - le dije
-¿Y qué le has dicho?- preguntó con un tono neutral.
-Le he dicho que me gustaba otro.
-¿Y ya se lo has dicho a ese otro?
En ese momento me giré y le miré con seriedad.
-No puedo hasta que encuentre la palabra mágica.
Prisma me devolvió la misma mirada con sus ojos de cristal.

Desde hacía unos años que cada vez que le miraba sentía algo en mi interior, como si me doliera el estomago. como si algo me presionara justo en la boca del estomago.
Me moría por tocarle, por abrazarle, quería besarle. Imaginaba como sería sentir su piel y acariciar su pelo, que sabor tendrían sus labios oscuros. Le quería, pero no había conseguido liberarlo.
Ni todos los abrete sesamo, ni abracadabras, ni una barra de hierro, habían liberado a Pris.
Estudié todos los libros de cuentos y magia que podía, pero nada sirvió.
aun así me resistía a rendirme.
-Voy a ir a la universidad a estudiar folclore- le dije un día cuando ya había cumplido dieciocho años- tengo que ir a la capital, así que no podré volver hasta las fiestas de navidad y verano.

-¿Pero volverás?- en ese momento no me di cuenta que su pregunta carecía de esperanza.

-Claro que sí Pris!-
No le dije que quería estudiar folclore para conseguir una clave que me ayudara a liberarle. Eso era una sorpresa para nuestro "y vivieron felices por siempre jamás".
Conocerle me había hecho creer que todo era posible.
Los pocos amigos que tenía me habían dejado de lado pensando que ya no teníamos edad para creer en las hadas y mientras ellos salían a beber, bailar y se emparejaban, yo vivía mi propio cuento de hadas en el que tenía que salvar a un hermosisimo príncipe del arcoiris que estaba encerrado en una cúpula de cristal.

Puse la palma de mi mano sobre el cristal y él también la puso, entonces posé mis labios y dejé la marca de un beso. Salí corriendo emocionada y algo avergonzada.

Los primeros días en la universidad me sentía perdida, estaba demasiado acostumbrada a la presencia de Prisma y le echaba muchisimo de menos, tenía unas ganas terribles de que llegaran las vacaciones de navidad, pero el pensar que estaba haciendo algo para conseguir estar juntos, me animaba.

Un día cuando venia de la biblioteca donde había cogido un grueso libro de folclore irlandés, vi algo maravilloso subiendo hacia el cielo, decenas de pequeños arcoiris subían como flechas.
Corrí emocionada hacía el lugar de donde surgía. ¿Prisma se habría liberado solo y había venido a buscarme?
Me decepcioné un poco al ver a un chico con un montón de cristales. Me acerqué con curiosidad.
Él al darse cuenta de mi presencia, me miró de soslayo y continuó a lo suyo.
tenía el pelo castaño atado en una coleta de cualquier manera e iba desaliñado, con ropa que le quedaba algo grande.
al ver que seguía allí, dejó lo que estaba haciendo.
-¿Querías algo?-me preguntó oscamente.
-Esos cristales hacen arcoiris- contesté emocionada. era consciente que me brillaban los ojos y sonreía como una niña al ver todo eso. El chico alzó una ceja mostrando incredulidad.
-Que pasa, ¿nunca has visto prismas?
Claro que sabía lo que era un prisma, pero de algún modo el oír esa palabra me puso algo nostálgica y se me ensombreció la expresión. Él pareció notarlo y quiso arreglarlo.
-Si, supongo que nunca habías visto tantos juntos, es bonito. Son para un trabajo que estoy haciendo. Estudio óptica.
Los prismas colgaban de hilos de pescar que estaban atados a las ramas de uno de los arboles de los jardines.
toqué uno y giró.
La luz dio de lleno a la cabeza del chico y un arcoiris bañó su pelo. Llevaba dos meses sin ver a Prisma y sentí como una lágrima me rodaba por la mejilla al ver a aquel chico con los colores del arcoiris en el pelo.
-¿Estás bien?- me preguntó receloso.
-Los Cromolumos están contentos- dije con una expresión nostálgica y soñadora.
-¿qué..?
-Los Cromolumos -le contesté como si fuera lo más normal del mundo- son ellos los que hacen los colores, pero solo están en la luz.
Él chico me dirigió una sonrisa socarrona.
-ya...los Cromolunos.
-Cromolumos- le corregí.
-El color es el reflejo de las ondas electromagnéticas en los cuerpos y el ojo las capta e interpreta según la longitud de onda. Cuanta más luz, más percibimos.
No hay más-
Habló con un tono petulante que me hizo fruncir el ceño.

-¿Ah sí? ¿Entonces que son esos puntitos que vuelan en la luz señor listillo?

-Partículas de polvo- contestó sin inmutarse.
-Son Cromolumos- le miré con odio.
Él soltó una carcajada.
-Eres una de esos chiflados que estudian folclore, ¿verdad?

No se si fue el hecho de que me llamara chiflada o el que acertara lo que estaba estudiando. Pero me puse roja de ira.
-Gilipollas!!- le grité y le tiré el libro de folk irlandés a la cabeza.
Después me fui airada sin mirar atrás.

Llegó navidad y corría a ver a prisma, necesitaba verle.
Había nevado y el prado estaba blanco, pero en el interior de la cúpula era una eterna primavera y Pris me esperaba de pie.
Me abracé al cristal y lloré.
-No sabes cuanto te he echado de menos.
-Yo también- me contestó tocando la parte del cristal que estaba a la altura de mi mejilla.
cada día fui a verle y le hablé de todo lo que había aprendido y como era la universidad. Le hablé de todo menos del chico que estudiaba óptica.
Uno de los días le pregunté.
-Todo lo que me has contado es verdad, ¿a que sí? los Cromolumos y esas cosas existen.
-Claro que si Sara.-
Sólo necesitaba oírlo de su voz cristalina, me sentía mal porque aquel estúpido me había hecho dudar. Pero Pris no me mentiría.

El día de navidad le llevé un regalo, una campanilla de cristal que colgué con una ventosa en el cristal. le gustó mucho el sonido.
-No tengo nada para ti, se lamentó.
Yo ya tenía algo pensado.
-Puedo hacerte una foto?
pareció dudar.
-Está bien-dijo al fin.
Saqué mi cámara compacta y le pedí que se quedara quieto, tendría un recuerdo de él. Así si alguna vez dudaba, solo tendría que mirar su foto.
Pero fue decepcionante ver quehiciera lo que hiciera, me pusiera donde me pusiera, el cristal de la cúpula reflejaba y no se veía absolutamente nada.
-Lo siento...- me dijo con pesar.

Volví a la universidad. Tenía una sensación amarga y no conseguía que se me quitara.
Un día al salir de la facultad vi a un chico con coleta y ropa desaliñada, me quedé petrificada cuando le vi, intenté hacer ver que no le había visto pasando de largo. Pero él me siguió y se puso frente a mi.

-Llevo desde noviembre acarreando con esto.- levantó el tomo de folclore irlandés que le había tirado en mi arrebato furioso. Sentí como se me coloreaban las mejillas.
-Gracias- conseguí balbucear sin mirarle a los ojos.
-De nada- contestó- me diste en la frente y me ha quedado una marca y todo.- se señaló la frente, pero no me atrevía a mirar.
Resopló al ver que no contestaba, pero es que no sabía que decir.
Entonces me cogió la mano y me puso el libro en ella.
-Reconozco que no debería haberte llamado chiflada. supongo que me lo merecí.
Oye, no está tan mal eso de inventarse historias para explicar los fenomenos naturales.
Era lo que se hacía antes de la ciencia. Así que supongo que también podemos decir que son los Cromolunos los que hacen los colores.
-Cromolumos- le corregí.
-¿Ya hablas?- preguntó con una sonrisa.
mira, este fin de semana hacen una exposición de óptica en el museo de ciencia.
a la mayoría de la gente no les interesa la dispersión y reflactación de la luz. Van para ver cristales, espejos deformantes y colorines. Creo que te gustará.
-¿Te estás burlando de mí?- conseguí preguntar.
-No, te estoy diciendo si quieres venir conmigo.
Increiblemente acepté.
-Soy Josua.
-Sara-
-Muy bien Sara. Nos vemos allí a las 5.


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