El Templo del Ocaso

Blog de relatos de escritores novel. Fantasía, Terror, Romance...



Nosce te Ipsum IV
"MI INSPIRACIÓN ES DOLOROSA"
Mircea


Soy vagamente consciente del tic tac del reloj cuando mi cerebro deja de emitir ondas Delta y comienza con las Alfa que señalan que salgo del sueño profundo.

En ese estado aun no somos conscientes de las cosas, no recordamos nada. Estamos en paz.


Quizá por eso cuando estamos tristes notamos somnolencia, quizá por eso cuando nos sucede algo que no podemos soportar, nos desmayamos.


Porque mientras estamos en ese estado de sueño, estamos en paz.


Estoy saliendo de él, la vigilia me alcanza y poco a poco voy notando lo que me rodea. He dormido vestido y la ropa se ha arrugado incómodamente. La sabana me cubre por completo y el tic tac amortiguado del reloj cada vez suena más claro mientras me despierto. Noto las mejillas pegajosas. ¿He llorado?


Mi mano está cerrada en un puño y noto el sonido de crujido del papel cuando muevo los dedos.


Entonces la vigilia me golpea con fuerza, despierto de súbito, mis ojos grises se abren y recuerdo. Más que el tacto de la carta de Ben, ha sido el sonido del papel arrugándose lo que me ha hecho reaccionar. Cada línea de la carta que encontré al volver ayer de la oficina, viene a mi mente.


A nadie le importará nunca tu interior, porque tu belleza les cegará y solo podrán consumirse de deseo por no poder poseerte.

No quiero hacerte daño Mircea. Pero precisamente por eso, porque he llegado a quererte de alguna forma, no quiero hacerte daño. Me has desconcertado, porque no eres el típico frío y calculador que utiliza su atractivo para aprovecharse de los demás.

Pero yo quería eso. Que me usaras; un par de noche de sexo e ir contigo. Que los demás nos vieran juntos y cuchichearan muertos de envidia. Que después me dejaras con una sonrisa arrogante y pudiera maldecirte mientras me emborracho y decir con razón que los tíos guapos como tú están podridos por dentro.

Pero tú no eres así, buscas el amor y tus abrazos son puros y no lujuriosos.

Cada vez me sentía más ligado a ti y eso me asustaba. No quiero eso. Lo siento, pero nunca encontrarás alguien que te quiera de verdad. El amor verdadero no está hecho para la gente como tú. El día que te des cuenta serás feliz.

Bence


Vuelve a tu maldita facultad de filosofía a follarte todo lo que se mueva. Eso es lo que te gustaría que te dijera, ¿verdad?


Puedo estar equivocado en muchas cosas. Pero tú también lo estás, Ben.

Una vez hubo alguien que me quiso de verdad, alguien a quien no le importaba mi aspecto. Alguien que vio más allá.

Pero ese alguien está muerto.

Desde entonces no he conocido a nadie como Jozsef.


Recuerdo la primera vez que le vi. Estaba en la terraza del café que había en frente de mi instituto.

Un hombre de unos treinta años, cabello castaño y corto. Llevaba una gabardina gris oscura aunque hiciera calor. Era atractivo, aunque parecía cansado, con los pómulos marcados y algo ojeroso.

Dejaba enfriar cafés mientras escribía en un cuaderno negro. Tan sólo levantaba la vista cuando los estudiantes entrabamos o salíamos del instituto. Me miraba fijamente, pero con serenidad. De algún modo, cuando me di cuenta, los nervios se mezclaron con la curiosidad. Pero la experiencia me había demostrado que las personas son peligrosas cuando quieren algo, y yo despertaba ese deseo en las ellos.


Por aquel entonces tenía dieciséis años y no confiaba en nadie. Entraba deprisa, salía deprisa e intentaba pasar todo lo desapercibido que podía a pesar de la atracción que generaba mi aspecto.

Jozsef supo tratarme, llegando poco a poco a mí. Esperando que yo diera cada paso.

Como quien acostumbra a su presencia a un gato callejero hasta que se deja acariciar.

Y la curiosidad llamó al gato.


Así que un día en lugar de irme rápidamente a casa, cruce la calle hacia la terraza del café y me acerqué a aquel desconocido.

-¿Qué miras?- le pregunté con todo el desafío del que fui capaz.

Me dedicó una sonrisa llena de simpatía, acompañada de una mirada de confortante comprensión.

-A ti- simple y llanamente. No dijo nada más y tampoco fui capaz de replicar.

Dejé que pasaran más días y seguía allí, mirándome cuando pasaba y bajando al vista hacia su cuaderno en el que escribía cuando desaparecía de su vista.

La curiosidad me mataba, le espiaba desde las ventanas del pasillo que daban hacia la entrada y se le veía toda la mañana sentado en la terraza, con sus cafés sin beber y escribiendo sin parar.

-¿Por qué?- pregunté la siguiente vez que conseguí el valor.

-¿Por qué no?- Misma ligera sonrisa, misma mirada. Todo eso me turbaba demasiado, pero aún era un amedrentado gato callejero.


Pasó casi un año así y un día no apareció. Intenté no darle importancia, pero de algún modo ya me había acostumbrado a su presencia. Al día siguiente tampoco apareció, ni al otro. Hasta el miércoles de la semana siguiente, no volví a verle sentado en su habitual lugar del café.

Sentí alivio y eso me demostró que ese desconocido se había convertido en una necesaria constante en mi vida.


Volví a cruzar la calle para hablarle. Mi tono seguía siendo desafiante y receloso.

-Creía que ya te habrías cansado.

Me pareció que estaba algo más ojeroso y demacrado.

-Ya ves que no.- seguía con su actitud tranquila.

-¿Eres un acosador o algo así?

Esta vez ríe, iluminando su cara y haciéndome ver lo tremendamente atractivo que sería si tuviera un aspecto más saludable.

-Me gusta este café y tú pasas por delante de él cada día; no negaré que te miro, pero todo el mundo lo hace. ¿Por qué sólo me recriminas a mí?

Me quedo mudo, no estaba seguro de que respuesta iba a darme y ahora me doy cuenta que he quedado como un estúpido. Estoy tan acostumbrado que la gente me acose o hable de mí, que parecía la respuesta más probable y había metido la pata.


Dejó el bolígrafo con el que estaba escribiendo, alcancé a ver una caligrafía estirada e inclinada antes de que cerrara el cuaderno y entonces hizo lo inesperado.

Me tendió una mano enguantada en un mitón de lana negro.

-Soy Jozsef.

Dudé pensando que podía burlarse de mi, entonces me fijé en que tenía un enorme “callo del estudiante” en el dedo medio. Es una estupidez, pero eso me hizo sonreír por dentro y me dio la confianza para estrecharla y contestar.

-Mircea.

-¿Eres Rumano?, Pensaba que seríais nórdico.

Sin darme cuenta aparto una silla y me siento, dejando la cartera a mis pies.

-No, solo soy albino- Jozsef asiente- Mi madre era Rumana, pero mi padre era Húngaro. He nacido en Budapest.

-¿Eran?- pregunta mientras remueve el café que no se bebe.

Empiezo a hablarle de todo, mis padres a los que no he vuelto a ver desde que les quitaron la custodia, mí día a día en el centro de acogida; como me tratan los demás por ser como soy, la extraña obsesión que despierto en ellos.

Jozsef, escucha sin interrumpirme, tan sólo alguna pregunta monosilábica que me empuja a continuar hablando.

Cada día me sentaba con él y hablábamos durante horas. O más bien hablaba yo, Jozsef el silencioso escuchaba.

Empezó a dejarme libros, muchos de Oscar Wilde, su escritor favorito; le gustaba que le explicara mi opinión sobre cada obra y entonces era cuando más hablaba, al darme su propia visión.

Había llegado un punto en que sólo anhelaba que acabaran las clases para ir con él.


Pasó otro año, a veces Jozsef se ausentaba durante casi dos semanas, pero siempre volvía. Me había visto tentado de pedirle un teléfono, algún modo de contactar con él. No podía soportar la idea de no verle más.

Iba a acabar el instituto, y en dos meses cumpliría los dieciocho años; no podía seguir en el centro de acogida. Yo quería ir a la universidad pero no podía costeármela, pero lo que más me aterraba, es dejar de ver a Jozsef cuando acabaran las clases.


-¿Por qué no quisiste que te adoptara ninguna familia? Ellos te hubieran dado una buena vida y podrías haber seguido los estudios.- me preguntó cuando faltaba una semana para el fin de curso.

A Jozsef se lo podía contar todo sin reservas. El recuerdo de lo que me hicieron mis padres, me había traumatizado, no quería otros que pudieran hacerme lo mismo. Tenía miedo.

Jozsef ya sabía lo que iba a pasar, algún programa gubernamental me inscribiría en un cursillo para tener unos conocimientos que me proporcionaran algún trabajo mediocre y eso sería todo a lo que podría aspirar mientras sobrevivía como pudiera.

-Ven a vivir conmigo.


Jozsef nunca me forzó a nada y yo confié en él. Me lo dio todo sin pedir nada a cambio.

Fui yo quien le besó la primera vez, quien le dijo “te amo” la primera vez y su silencio calmo me demostraba que sentía lo mismo. Es difícil de explicar, es algo que tan sólo se puede sentir.


Viviendo contigo tendría que haberme dado cuenta, pero no lo hice hasta que ya era tarde.


-Mircea, ¿has leído “El retrato de Dorian Gray"?-

Yo contestaba afirmativamente y Jozsef replicaba.

-Yo debí haberlo leído antes-

Y esa canción que escuchabas una y otra vez Neverland.


Sometimes I feel so old I wanna die
Feel like I'm sick at heart
Sometimes I just wanna break down and cry
Feel like I'm falling apart
Angel come and rescue me
Angel come and take my hand
Angel come and rescue me
Come and take my hand, come with me to Neverland
Sometimes I feel like a candle burning down
Feel like my flame is getting dim
Sometimes I feel like a ship that's run aground
Feel like I'm twisted by the wind
Angel come and rescue me
Angel come and take my hand
Angel come and rescue me
Come and take my hand, come with me to Neverland
So weary and so tired I close my eyes but sleep just won't come
So messed up and wired, I feel so old and I
Wanna die, feel so cold and I'm sick of trying
Feel so cold, feel so numb
Angel come and rescue me
Angel come and take my hand
Angel come and rescue me
Come and take my hand, come with me to Neverland
Angel come and rescue me
Angel come and take my hand
Angel come and rescue me
Come and take my hand, come with me to Neverland*


Todas esas cosas tendrían que haber hecho que me diera cuenta y sobretodo tu aspecto que a veces parecía tan frágil y demacrado, las manchas en la piel…


Jozsef murió de Sida poco después de mi vigesimotercer cumpleaños. Estuvimos seis años juntos y me dejó un terrible vacío y sus cuadernos negros.

Muchos han pasado por mi vida desde entonces. He intentado rehacerla como Jozsef me pedía en las últimas páginas del último cuaderno. Pero nunca nadie pudo compararse a él.


Ahora tengo veintiocho años y me siento como un anciano.


Ahora me doy cuenta que con Ben yo hacía de Jozsef, solo que Ben me manipulaba.

Si, Ben, me manipulabas, aunque sólo fueras un muchacho. Hacías de mi lo que te venía en gana y yo me dejaba. Me dejaba porque te quería y quería que tú también me quisieras.

Pero supongo que es cierto, jamás pude satisfacerte con una conducta fría y dominante como querías.

Es más fácil dejar a alguien así después de haber conseguido lo que deseabas.


Nadie me querrá…nunca nadie me amará de verdad.


Me pongo en pie de un salto, odiando cada fibra de mi cuerpo.

En mi apartamento hay dos espejos, el del cuarto de baño, que uso para afeitarme, peinarme y comprobar que me he hecho bien el nudo de la corbata antes de ir al trabajo y el de cuerpo entero que está en el interior de un armario y que nunca uso.

Me dirijo a este último con algo de rabia.

La carta de Ben sigue sobre la mesita de noche como testigo impasible de lo que es mi vida y quiero odiar a Ben, pero no soy capaz de odiar.

Pensaba que con él sería distinto, pasábamos largos ratos mirándonos a los ojos después de hacer el amor y dormíamos abrazados.

Pero lo que te unía a mi era lujuria. Querías exhibirme. Habías conseguido al deseado Mircea.

La belleza puede ser una maldición. La belleza hizo que mis padres me tuvieran encerrado en casa, hasta que a los siete años unos vecinos se dieron cuenta de lo que pasaba y lo denunciaron; un juez les arrebató la custodia. La belleza hizo que me violaran a los doce años.

“ángel, ángel. Eres un ángel” me balbuceaba al oído mientras me penetraba dolorosamente.

La belleza siempre me ha condenado.


Abro el armario en el que guardo la ropa de fuera de temporada y me pongo frente al espejo.

Nunca he querido prestar demasiada atención a mi aspecto físico. Pero ahora quiero entender porque. Porque nadie podrá amarme jamás del modo que yo quiero.

Me desabrocho la camisa arrugada y la dejo caer al suelo y sigo así hasta desnudarme por completo. Miro mi cuerpo, realmente hermoso, firme y bien formado; cada musculo se marca armoniosamente. Mi rostro es fino pero masculino, de facciones bien dibujadas, labios incitantes, ojos grises e intensos. Sobrecogedor. Mi cabello platino, casi blanco que cae a los lados de mi rostro suavemente e incita a ser acariciado.


“cualquiera moriría por poder tocarte y vendería su alma al diablo por besarte o amarte”


Lágrimas de impotencia surcan mi odioso rostro.

No quiero ser así, me repito una y otra vez. Nadie podrá amarme de verdad si soy así.

Arañó la superficie del espejo. Me odio intensamente.

Crispo los dedos y recorro con las uñas mi cara desde la frente al cuello. Aprieto con fuerza hasta dejar líneas rojizas y la piel escuece. Ligeros puntitos de sangre comienzan a surgir.


Quiero más.


Comienzo a golpearme y arañarme brutalmente, sólo deseo desfigurarme y que nadie me vuelva a hacer daño.

La sangre comienza a brotar y el dolor se camufla por mi deseo de deformar mi belleza.

La sangre golpea el espejo, yo golpeo el espejo y mi reflejo me devuelve la imagen de mis actos mientras el dolor y la rabia se ven recompensados con mis golpes.


“nadie podrá amarte jamás por ti mismo. Todos desean poseer tu belleza irreal y no les importa que pienses o sientes, ni siquiera se plantean que seas capaz de pensar o sentir.

No respires Mircea, o el aire no querrá abandonar tu cuerpo.

Enloquece a los que te rodean y goza de ellos, porque eres la esencia de todos los dioses hecha carne y no puedes pensar y sentir. No eres real, no eres humano e imperfecto.

Eres un hermosísimo fragmento de divinidad, arcángel del deseo y la belleza. La obra de arte de los dioses.

No tienes vida, pues es nuestra.


Si me abandonara a ello, entonces nada valdría la pena y en medio de mi ofuscación continuo golpeando y desgarrando.

El espejo vibra pero no se quiebra, yo me quiebro en su lugar y mi sufrimiento se ve recompensado por mis lágrimas y el escozor de mis heridas.

Quiero ser humano y tener un alma que me permita tener la absolución de algún dios.


Eres mi divino secreto y te deseo con todo mi ser”. Padres, sois repugnantes.


La piel cede con facilidad y la carne es débil. Mi rostro está hinchado y dolorido y aún así continua siendo hermoso, sobrecogedor de almas.

Mi reflejo me devuelve la mirada, mi hermoso reflejo.

Todo se nubla y se vuelve irreal como yo. La sangre me ha debilitado y no puedo continuar con mi peso, me dejo caer como en una dulce pesadilla y mi reflejo me mira con la tristeza que reflejan mis ojos grises.

Mi cerebro entra en fase alfa y me hallo ente la consciencia y la inconsciencia. Noto la piel en el interior de mis uñas, tiras arrancadas de mi rostro.


Suena el teléfono, pero siento como si ocurriera en otro mundo, mientras yo me desangro y palpito en el suelo, con una mano sangrante apoyada en el espejo.

El contestador está conectado.

“¿Mircea? Soy Irén. Como son las once y aún no has llegado a la oficina, me he preocupado un poco. No sueles llegar tarde sin avisar. Supongo que has pillado un atasco o algo así.

Antall te está buscando como un loco por el proyecto que tenéis que presentar mañana.

Bueno, nos vemos luego.

No tardes.”


*Neverland, The Mission Uk.

5 comentarios:

Eliu!!!! Es increíble!!! he llorado con lo que le ha pasado a Mircea... a veces las personas no pueden imaginarse lo que puede llegar a sentir alguien y solo juzgan por la superficie.

Me ha conmovido muchísimo, lo he sentido; me encanta. ^^

Pobre Mircea. No me extraña que te cistase escribir esta parte, s eme han saltado las lágrimas.

¡Ben,HdP!

Sobrecogedor... Me encanta Jozsef, tan calmado y tranquilo y con tanto amor. Mircea me da mucha pena, que te niegen ser amado tiene que ser un sentimiento horrible y tu lo describes muy bien, todo lo que le ha pasado es horrible y el único rayito de esperanza se apagó para siempre, es realmente triste.

Me gusta mucho como vas narrando las cosas, poco a poco, sin prisas y desvelando cada acontecimiento en su momento justo.

muchísimas gracias, me animan muchos estos comentarios. Porque a veces cuando veo lo que escribo me da un poco de corte ^^'

en la siguiente parte de Mircea, se verá la historia de Jozsef y lo que pasa con Mircea.

Me ha gustado muchisimo esta parte, como cada de las de esta historia. Al principio simplemente sentía algo cotidiano, el tic tac del reloj, una relación y etc....

Pero despues cuando Mircea cuenta su etapa con Jozsef, no se, es tan natural y real que hace que se te escape hasta la lagrimilla.

Y la canción es preciosa ^^

P.D: me hizo gracia el nombre de Mircea, porque mi amiga se apoda Mircea y siempre pense que era nombre de chica, pero ya veo que no...

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