El Templo del Ocaso

Blog de relatos de escritores novel. Fantasía, Terror, Romance...


NOSCE TE IPSUM-V

Me wo Samaseru
Yoshiro

El pequeño pueblo donde vivía Keiji, se llamaba Mugonmachi, algo así como la villa de los silenciosos y resultaba realmente adecuado.

Miyako había ido a comprar unas verduras al centro del pueblo y ahora volvía a la casa de Keiji . Caminaba lentamente disfrutando del sonido de sus geta y el tacto del sencillo yukata que llevaba. ¿Cuántos años hacía que no vestía así? En la ciudad era una perfecta ama de casa con ropas occidentales, como todas y algo dentro de ella la hacía sentirse extraña, no era ella misma, sólo representaba un papel en una obra que no había elegido.

Yoshiro caminaba junto a ella cogido de su mano. Llevaba unos pantalones cortos, unas sandalias y una camiseta de Doraemon. Miyako se la había comprado porque pensaba que le gustaba, también un pijama azul con doraemons. Le parecía que prestaba un poco más de atención al televisor cuando daban esos dibujos.

Se aferraba a eso, cualquier cosa a la que Yoshiro mirara más de unos minutos, quería creer que era porque realmente era consciente de ella y le llamaba la atención. Los médicos le habían dicho que aún no podían estar seguros, pero si era autista, entonces estaba en un grado elevado y no había un tratamiento para ello.

Todo el pueblo estaba en silencio, las personas con las que se cruzaban les saludaban en silencio con una expresión agradable en la cara. Los niños corrían y reían en silencio, los pájaros y perros piaban y ladraban en silencio. El viento soplaba en silencio. La madera de las casas crujía en silencio. ¿Cómo podía ser eso posible?

El silencio no es la falta de sonidos, eso no existe. El silencio es un sonido en sí. Tenue, agradable y calmo.

Todo Mugonmachi estaba en sintonía con él y Miyako también quería estarlo.

Miró a su pequeño Yoshiro, él no desentonaba en aquel lugar. Keiji tenía razón, quizá sería bueno que fueran a vivir con él a la villa de los silenciosos.

Cuando llegaron a la casa, Keiji estaba trabajando la arcilla en la parte de atrás.

Miyako dejó las bolsas en la cocina y llevó a Yoshiro con ella hasta donde estaba Keiji.

Descorrió la cortina que había en la entrada del cuarto, sus ojos tardaron un poco en acostumbrarse a la penumbra. El olor de la arcilla húmeda era penetrante y le recordaba a cuando acababa de llover y pasaba por el parque que había frente a su apartamento en la ciudad .

—Estamos en casa— Dijo Miyako desde el marco de la puerta para prevenir a Keiji. Este levantó una mano totalmente embarrada para saludarles, pero no se giró, continuó humedeciendo y amasando la arcilla.

Keiji, voy a hacer la comida. ¿Te importa que Yoshiro se quede contigo?

El hermano de Miyako levantó un pulgar en gesto afirmativo.

Miyako se colocó frente a Yoshiro, le cogió ambas manos y se acuclilló para que sus ojos estuvieran a la altura de los de él y asegurarse que le prestaba atención.

—Voy a la cocina, quédate un rato con tu tío Kei. ¿De acuerdo?

El pequeño apretó los labios. Su madre interpretaba ese gesto como un “sí”. Así que el apretó las manitas, le sonrió y asintió.

—Muy bien—

Se puso en pie y levantó la cortina para ir hacia la cocina y preparar la comida.

Yoshiro también sintió como ese olor intenso entraba en sus fosas nasales y hacía que le picaran un poco.

Notó un cosquilleo en los tobillos y vio al gato de su tío frotándose contra ellos mientras ronroneaba esperando una caricia.

Yoshiro lo miró unos segundos y después caminó por el cuarto donde trabajaba su tío.

Era espacioso y había muchas mesas y estantes de madera que sostenían infinidad de vasijas y otros objetos.

Había una hilera de vasijas con formas irregulares y Yoshiro les daba un ligero golpecito con el dedo mientras pasaba por delante, hasta que llegó frente a una que tenía una ancha estría ramificada.

—Está rota— dijo en tono flemático.

Keiji entonces levantó la vista del montón de arcilla que estaba amasando y se acercó a su sobrino. Se limpió las manos en un trapo y cogió la vasija que señalaba el niño.

Sonrió para sí.

—No está rota. Es una replica que hice hace tiempo de una pieza de Koetsu Honami. —La hizo girar en alto—Así tiene más personalidad y ha de ser así, ya que de todas esta te ha llamado la atención.

—Está rota— reiteró Yoshiro.

Keiji se rasco una mejilla donde ya se veía asomar la barba y le dirigió una sonrisa torcida. Fue hacía la mesa donde estaba trabajando y cogió un buen puñado de arcilla mojaba, esta hizo un sonido como de succión al ser arrancada del resto. El barro caía lentamente entre sus dedos. Con la otra mano cogió la de su sobrino.

—Muy bien Yoshi-Tan. Veamos si tú puedes hacerlo mejor.

Dejó caer la arcilla sobre la pequeña mano de Yoshiro.

Pesaba, estaba húmeda y tremendamente fría. Muchas sensaciones se desencadenaron entonces. El frío, la humedad, el peso; subieron por el brazo del niño y le hicieron proferir un profundo jadeo de sorpresa y sus ojos se abrieron.

Keiji sonreía, pero su sonrisa se borró cuando vio que su sobrino estaba llorando. Le caían gruesas lágrimas y jadeaba y temblaba asustado.

Yoshiro

Le quitó la arcilla de la mano y lo cogió por los hombros. Pero el niño estaba cada vez peor.

—¡Miyako!, ven rápido!!

Ella llegó corriendo y al ver a su hijo temblar de esa manera, lo cogió en brazos y lo acunó.

—¡Qué ha pasado!— le preguntó consternada a su hermano.

—No lo sé…—Keiji estaba muy confuso—yo sólo...

Miyako cubrió a su hijo con el delantal y corrió en busca del teléfono para llamar al médico.

Una hora después Yoshiro dormía en su futón y el médico ya se había ido diciendo que no tenían que preocuparse, pero que consultaran a un especialista.

Keiji y Miyako estaban apoyados cada uno en un lado de la entrada de la habitación de Yoshiro.

Keiji fumaba en su pipa y se rascaba la arcilla seca de las uñas.

—Lo siento, no pensé que fuera a pasar algo así.

—No es culpa tuya—Miyako se miraba sus geta— Es la primera vez que pasa. No ha sido buena idea venir, Yoshiro tiene que estar cerca de los médicos, tenemos que volver a la ciudad.

Esta vez Keiji no replicó. Pero ellos no sabían que había pasado realmente, no podían saberlo.

Cuando la arcilla había hecho contacto con la piel de Yoshiro, un recuerdo se había despertado.

Algo que había pasado en otra vida, en otro lugar, otro mundo.

Estaba desnudo y en el centro de un tanque de cobre lleno de arcilla helada. Se hundía lentamente en él y le suplicaba a un hombre que estaba observando impasible. Le pedía que no le hiciera eso, que no le dejara morir.

Pero el hombre sólo le miraba con los brazos cruzados.

“es necesario” le decía “siéntete orgulloso muchacho, vas a formar parte de algo muy importante. Algo que dominará todas las dimensiones”.

Pero él se hundía cada vez más, lentamente la arcilla se lo tragaba, hasta que al final le tapó los ojos, entró en sus fosas nasales y boca mientras imploraba, mientras se ahogaba y moría.

Pero no hubo paz tras la muerte. Cuando su espíritu ascendía para separarse del cuerpo, el hombre lo atrapó y lo dividió en dos partes. La mayor la retuvo y la menor, la dejó ir.

Cuando se hizo de noche, Yoshiro abrió los ojos. Vio a su madre que se había dormido junto a él. Ahora era más consciente de las cosas, toco la mano de su madre. Nunca la había visto realmente, le pareció que estaba cansada y le dio pena. Cogió la colcha de su futón y la tapó con él.

Bajó las escaleras en completo silencio, salió por la parte de atrás hacia el jardín y vio que su tío se había dormido con la cabeza apoyada en la columna que sostenía el porche. Su pipa ya apagada oscilaba peligrosamente entre sus labios entreabiertos.

Yoshiro la cogió con cuidado de no despertarle y la dejó a su lado.

Las cigarras cantaban con fuerza y la luna brillaba inmaculadamente blanca en el cielo cuajado de estrellas.

Iba descalzo, tan sólo llevaba su pijama de doraemons, pero no hacía frío.

Caminó sobre la gravilla del caminito que llevaba al estanque y se inclinó hacía él.

Las carpas no se acercaron. La luna rielaba y los arboles se reflejaban. Todo se reflejaba menos Yoshiro.

Entonces el agua ondeó ligeramente y una voz cristalina le habló.

“Nos hemos despertado, encuéntrame antes que Elias y todo será restaurado”.

Yoshiro supo lo que tenía que hacer. Se inclinó más y más hacía el agua hasta que cayó dentro de ella y desapareció.

continuará...

5 comentarios:

O.O Asi me he quedado al final. Ya vuelven a salir los personajes del principio jejeje eso me gusta ^^ y también me hizo gracia lo del pijama de doraemons, muy natural ^^

buahhhh, ahora me quedo con la intriga de saber que pasa !! >.<

O_O desaparecio?

Jajajaja Doraemon! mooolaa

Madre mia, pobrecillo, menuda experiencia tan agobiante, así normal que se pusiera de esa manera al tocar la arcilla. Lo malo de desaparecer es que siempre habrá alguien que te eche de menos...esperemos a ver que le depara en el futuro :P Me has dejado con la intriga y muchos interrogantes porque los casos extraños son los que más me gustan.

Lo del autismo es un tema para mi interesantisimo, al igual que por ejemplo la catalepsia o la narcolepsia. Son enfermedades que te hacen pensar que hay más allá de lo que podemos ver o de lo que podemos llegar a adivinar. A mi parecer lo has desarrollado muy bien^^

gracis a todas.^^
si, esas enfermedades también me fascinan.
y tengo tendencia a crear personajes que tiene siempre alguna o también otras cosas como mudez, sordera o ceguera.

Me he quedado como Shey. Se me han puesto los pelos como escarpias.

Las palabras en japonés ayudan mucho a recrear el ambiente. Me imagino al tío dando forma a la arcilla y a la pobre Miyaco llena de arrugas de cansancio y una expresión de tristeza. Pero lo que más me conmueve es el propio Yoshiro.

Aplausos, y más aplausos Laura.

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