El Templo del Ocaso

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LA FORTALEZA ROJA-VI


Frainost desmontó con la niña abrazada contra si, Urrys ya estaba allí le saludó desde una de las hogueras.
Varios de sus hombres se acercaron al ojos de sangre.
-que lleváis ahí capitán?-
Drechtel era un joven humano al que Frainost respetaba por su gran arrojo e inteligencia en la batalla y por sus comentarios hilarantes que siempre sabían quitar la tensión de cualquier situación.
Frainost miró a sus hombres y sonrió con la comisura del labio. Aupó a la niña y le apartó un mechón rojísimo de la cara.
Los guerreros pudieron ver las facciones de la pequeña y exclamaron.

-Para qué queréis un diablillo del bosque de Ozta capitán Frainost?-

El ojos de sangre enarcó una ceja y fulminó a Drechtel

- Es una niña águila idiota-

Los humanos se miraron sin comprender. Frainost negó y se apartó de ellos para dirigirse a la hoguera junto a la que descansaba su amigo gea.

Frainost despreciaba la ignorancia de la mayoría de los humanos, no sabían nada y no les interesaba saber.¿ Pero qué podías esperar de una raza que no vivía ni un siglo? ¿Qué no había sido creada por un dios, sino que había evolucionado de un animal?
Frainost era muy joven, tan solo tenía sesenta y dos años y había pasado la mayor parte de su vida en la fortaleza, ya se había acostumbrado a los humanos. Pero a veces le irritaban sobre manera.

Thore estaba apoyado contra un árbol contemplando las llamas de la hoguera y sujetando su bastón de hechicero contra su hombro.
Hacía poco que había amanecido, pero continuaba haciendo frío. De todos modos en esa época del año los días no eran demasiado claros. El gris ocre del cielo presagiaba ser oscuro y apagado.
El hechicero sobrepasaba los sesenta años, pero aun estaba en buena forma y siempre iba con el ejército en sus enfrentamientos.

La pequeña niña águila se había adormilado contra el pecho del ojos de sangre. Frainost la acunaba mientras acariciaba su rojo cabello.
El enorme gea sonrió a su amigo y le alargó una pétrea mano que sostenía el conejo que había hecho girar en la hoguera.

-¿Quieres capitán?-
Frainost negó.
-¿Y tu hechicero?-
Thore dirigió sus pequeños ojos grises a l gea y arrugó la nariz.
-Mira comerocas. Cuando no dejes la carne con la consistencia de una piedra me lo pensaré-
Urrys se encogió de hombros.
-A mí me gusta así- dijo y le dio un sonoro bocado.

Frainost se fijó en que el conejo estaba bastante carbonizado. Más tarde él mismo buscaría comida para él y la pequeña. Ahora tenía que pensar que hacer con la niña.

-¿Así que ahora te dedicas a recoger pajarillos?-
Frainost miró al hechicero y apretó a la dormida niña un poco más.
Le gustaba la sensación de abrazarla. Le hacía sentir cosas que hacía tiempo no sentía.

-No podía dejarla allí-
El ojos de sangre miró a la pequeña con afecto mientras hablaba.
Thore le dedicó una sonrisa torcida.

-Pues deberías haberlo hecho.
Frainost miró al hechicero con dureza.

-¿Crees que no he visto el humo? ¿Crees que no he olido el azufre? No pienso pronunciar su nombre. Pero sabes que esa niña está marcada por “él” y si no te deshaces de ella nos traerá problemas.

Frainost estaba más que harto de ese tipo de juicio humano. Veían maldiciones y problemas por todas partes.
Humanos… ellos habían diezmado a su raza, ellos habían matado a su padre y hecho enloquecer a su madre. Ellos habían hecho que él y su hermano Feaol vivieran como animales hasta que la Fortaleza les había reclamado.

-No te preocupes hechicero, en cuanto lleguemos a la fortaleza iré a buscar a los supervivientes.-
Urrys apuró su conejo y se chupó los dedos.
-Te acompañaré capitán.-
El ojos de sangre miró a su segundo con gratitud y asintió.
-Ja!- se burló Thore- ¿Y si no hay supervivientes?-
La maliciosa sonrisa del humano estaba desquiciando a Frainost, pero guardó ese sentimiento en su interior. No le gustaba perder los estribos y tenía un buen control sobre si mismo.
-Ya lo pensaré- Fue lo único que contestó.
Pero en su interior ya lo sabía, se sentía demasiado bien abrazando a la niña. Le gustaba sentir que la protegía y algo en su interior se llenaba de candor. Quería quedársela.

La niña águila estaba envuelta en la negra capa de Frainost mientras cabalgaban. A pesar de la dureza del peto de la armadura del ojos de sangre, se sentía a gusto y protegida contra el pecho de su salvador.
No dijo ni una palabra en todos esos días de viaje. Ni siquiera a los guerreros humanos que se le acercaban conciliadores o al gea de piel grisácea y ojos verdes.
No hablaba, ni los miraba. Sólo miraba a Frainost. Ella jamás había visto un ser de otra raza que no fuera su pueblo águila. Le resultaban extraños los tonos de piel y las facciones de los humanos.
El gea tenía la piel como una roca y llevaba la cabeza afeitada, pero dedujo que su cabello sería verde.
Sin embargo, Frainost era deslumbrante. A pesar de llevar la diabólica armadura, no volvió a colocarse el yelmo. Su largo cabello negro caía lacio hasta los hombros. Su piel era inmaculadamente blanca y poseía la pureza de una perla. Sus ojos eran tan rojos como rubíes, destilaban una inteligencia y profundidad estremecedora. Era lo suficientemente alto como para tener que bajar la vista para mirar a muchos de sus guerreros humanos. La armadura no permitía distinguir su figura, pero sus movimientos y pose mostraban fuerza y seguridad.
Un ancho aro de bronce labrado ceñía su frente, mostrando que provenía de otro lugar y una tradición añeja.
La niña le miraba con su carita de rasgos extremadamente afilados y veía una especie de divinidad masculina que la hacía sentirse segura.
Todo el camino hecho a caballo lo había pasado acurrucada en su pecho. La primera noche le habían preparado un jergón junto a una de las innumerables hogueras del campamento, pero tenía miedo de estar sola. Así que Frainost la abrazaba mientras dormía.

Cada vez que cerraba sus ojos veía su casa y a su madre en llamas. Oía el aullido en su cabeza, destrozándola por dentro. Su sueño era tan intranquilo. Pero Frainost siempre la abrazaba contra si y todo desaparecía.

continuará...

5 comentarios:

ooh, por fin vuelvo a leer algo de Frainost!!
lo echaba de menos sabes? jejeje
bueno, me alegro de que la continúes ^^ pero recuerda mi petición (guiño guiño)

jajaja
bsitos

jajaj, necesito una foto más nítida que la que me pasaste, por eso aun no te lo he hecho :P

Que lindo que es Frainost! de verdad que es muy dulce!

Si que me encanta esta historia!! Eliu!!!!

Me encanta la ternura de Frainost hacia la niña, es precioso ^^

Ainsss odio a los humanos XDD

misantropía misantropía...
sep, en este relato me desquito mucho con los humanos.

gracias por leerlo ^^

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