El Templo del Ocaso

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La Fortaleza Roja-VIII

Lilia estaba exultante de alegría. Aquella mañana unos oteadores habían visto al ejército acercarse, en un día llegarían a la fortaleza.

Todos los sirvientes corrían de un lado para otro preparándolo todo para la llegada.

La fortaleza roja era inmensa, hectáreas de terreno estaban rodeadas de poderosas murallas de gran altura que conferían un cuadrado perfecto. A la izquierda se encontraban las caballerizas y los puestos donde se realizaba el mercado una vez al mes.

El edificio principal un inmenso cuadrado de siete pisos de altura, ocho contando el último nivel que estaba descubierto.

Todo había sido construido con piedra rojiza hacia miles de años por los ojos de sangre.

Los humanos que habían tomado la fortaleza, tras cientos de años; decidieron dar un uso práctico al lugar, convirtiéndolo en un centro de entrenamiento.

Todos los niveles tenían una distribución parecida. Un pasillo resiguiendo el muro exterior, otro central y otro rodeando el muro del interior. Muchos pasillos más pequeños unían estos tres.

Los primeros tres niveles eran de los guerreros. Justo en el centro se encontraba la sala de actos, su techo era una enorme vidriera que dejaba pasar la tenue luz de Shamar. El resto de niveles de la fortaleza no tenían nada en el centro, cada uno poseía un pasillo abalconado desde el que se podía ver el cielo y si mirabas a bajo la vidriera y el salón del primer nivel.

Como una colosal chimenea, esto servía de ventilación para las habitaciones interiores.

El cuarto y quinto nivel era el de los sacerdotes. Allí se encontraba la biblioteca más grande y se podía adorar a casi todos los dioses.

El sexto y séptimo nivel pertenecían a los hechiceros. A diferencia de los otros niveles, el de los hechiceros no era de acceso libre. Nadie que no fuera de esos niveles podía entrar en ellos, a no ser casos especiales.

Por este motivo había una escalera que conducía directamente del quinto nivel hasta las almenas.

Las almenas eran un lugar muy hermoso, estaban completamente ajardinadas. Cientos de especies de plantas, flores, arbustos e incluso árboles crecían allí. Los hechiceros usaban el lugar para el estudio de las estrellas y recogían las plantas para sus hechizos.

En una de las esquinas había una estatua de mármol que representaba una hermosa mujer sosteniendo una rama florida. Bajos sus pies había una inscripción en el idioma de los ojos de sangre. Uno de los pocos que volvió a la fortaleza tras la llamada, tradujo la inscripción para los humanos y en ella decía. “En memoria de Brumanette”.

Los humanos que tomaron la fortaleza habían destruido todos los documentos y nadie puedo saber nada de la ojos de sangre de la estatua.

Detrás del gran edificio central había una construcción notoriamente más pequeña de tres pisos de altura que había sido añadida al complejo por los humanos. Este edificio era el hogar de los sirvientes.

Lilia estaba allí, en la habitación que compartía con su amiga Sany. Sany le cepillaba la dorada melena.

La muchacha suspiró mientras pasaba el cepillo.

-que envidia me das- dijo con voz soñadora.

Lilia sonrió para si complacida.

-Tu caballero por fin vuelve después de dos meses. Debes estar impaciente-

Lilia asintió.

Se alisó el vestido azul, era el que hacía juego con sus ojos y su caballero le había dicho un par de veces que le sentaba muy bien.

Hacía un año que le dirigía la palabra y tres mese antes de que el ejercito tuviera que marchar a Karkaris, la había tomado como amante.

Lilia nunca había estado con un hombre de ese modo. Por supuesto se había dejado robar algún beso de algún apuesto guerrero. Era consciente que los hombres la encontraban hermosa y daba gracias a los dioses por serlo y que su caballero se hubiera fijado en ella.

Él había sido amable y delicado con ella, pero también pasional. Solo recordar sus caricias, besos, su magnífico cuerpo contra el de ella…

Sany dejó el cepillo y colocó el cabello con las manos.

-Ya está!- exclamó emocionada- Hermosísima-

Todo el mundo le decía que era hermosa, pero susurró un “gracias“ a su amiga.

-Ojalá yo fuera como tú y pudiera tener un caballero como el tuyo-

-Eres muy bonita Sany-

Sany sacudió la cabeza y puso los ojos en blanco.

-a tu lado soy vulgar y lo sabes.-

La muchacha se giró y tocó las flores que había colocado en el alféizar de la ventana esa mañana.

-Has visto que ranúnculos tan bonitos?-

Lilia negó, ahora estaba absorta en la imagen de su espejo. Comprobando su cabello y que no le hubiera salido ninguna peca.

-Deberías subir al jardín conmigo alguna vez- le dijo Sany mientras olía una de las flores.

Lilia bufó

-Son ocho pisos, no lo haría ni muerta-

La muchacha se giró dejando las flores y encaró a su amiga con los brazos en jarras.

-Oh claro, mi lady tiene la gracia de trabajar en el primer nivel y no sabe lo que es una escalera. Si trabajaras en el quinto como yo no te importaría subir un par más.

Lilia se acercó a su amiga y también puso los brazos en jarras.

-entonces no hubiera conocido a mi caballero- dijo y dio un tironcito juguetón a la larga trenza castaña de Sany.

Sany hizo un fingido gesto de indignación

-ahora verás!- se abalanzó sobre Lilia y le hizo cosquillas en la cintura. Ambas rieron como niñas.

En ese momento sonó El cuerno que avisaba de la llegada del ejército.

Las dos muchachas se pararon en seco y se cogieron de las manos con fuerza.

-tengo que irme- Terció Lilia y se apresuró. Pero antes de que pudiera salir por la puerta Sany la detuvo

-Espera!-

Lilia se giró y una pieza de tela le golpeó en el pecho, la cogió antes de que callera al suelo.

-te dejabas esto-

-gracias…-

Lilia salió de la habitación y se puso la odiada prenda, el delantal que la identificaba como sirvienta. No importaba que llevara vestidos bonitos o el cabello suelto o recogido como una dama, ese delantal siempre demostraría a todos que era sirvienta. Sabía que debía estar agradecida. Cuando su madre murió de famela, una de las cinco enfermedades incurables, sus vecinos la trajeron a la fortaleza para que trabajara en ella. Si no lo hubieran hecho, los dioses saben lo que podría haber sido de ella.

Pero todo eso podía cambiar pronto, su caballero la deseaba y ella era la más hermosa de la fortaleza. Como no iba a quedarse con ella?


continuará...

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