El Templo del Ocaso

Blog de relatos de escritores novel. Fantasía, Terror, Romance...


VII
NARCISSO
Mircea

Siento como mi cerebro emite Alfa y comienzo a despertar. Aún no soy plenamente consciente de lo que ha pasado, pero mientras la vigila me va alcanzando poco a poco, comienzo a sentir.
La piel me escuece, unos apretados e incómodos vendajes me cubren la parte alta del cuerpo, incluso mis manos y brazos. Siento el pinchazo de la aguja del suero y la sorda presencia de la sonda.
La piel me hormiguea como si despertara conmigo y el mínimo movimiento se me hace imposible. Tengo la lengua pastosa, la garganta me arde de sed y noto el estomago encogido.
El rítmico tut tut, de la maquina que tengo a mi derecha y el sonido del respirador y el gotero, me hacen recordar y ser plenamente consciente de donde estoy y porque.
Ahora mismo es una empresa imposible, pero por dentro puedo sonreír satisfecho.
Aprovecho la consciencia para saborear mi nueva condición.
Una enfermera entra en la habitación y ve que he recuperado al conciencia, el doctor aparece minutos después y me hace pruebas. Me pregunta cosas que pueda contestar con uno o dos pestañeos.
No entiende que no quiera cirugía, dice que mi rostro ha quedado totalmente desfigurado, yo sonrío, pero él no puede verlo. Dice que llamará a un psicólogo de planta para que hable conmigo.
Dejo que el psicólogo hable sin llegar a escuchar realmente lo que dice, no pueden obligarme a nada y lo saben.

Iren viene a verme otro día.

-Hola Mircea- lleva una bolsa y saca un arbolito que parece un bonsái de ella.
-Mira- me habla aun sin saber si la oigo o incluso la veo- Te he traído un naranjo enano, tiene pequeñas naranjitas y huele muy bien. Pensé que sería más original que un ramo de flores.
Lo pone sobre la mesita que hay junto a mí, y se sienta a mi lado sin mirarme.
-Tu nunca llegas tarde sin avisar y me asusté, llamé a la recepción de tu edificio y entraron en tu apartamento.
Cuando llamaron para decir que estabas gravemente herido y te habían llevado al Hospital, no podía creerlo.
Mircea, sé que no soy más que una compañera de trabajo, sé que eres homosexual, sé que nunca podría aspirar a ti, pero me conformaba con verte cada día en el trabajo. Me conformaba con que estuvieras allí, eso ya me hacía feliz.

Desconecto, no deseo oír otra confesión insustancial movida por la superficialidad.

Josezf me conocía y me amaba por mí mismo.

Josefz sabía más de lo que me mostraba con su sereno silencio y sus caricias cautelosas. Él conocía la verdadera naturaleza de la mortalidad y como conseguir la paradoja de la inmortalidad.
Quizá parezca una estupidez, pero quería creerlo, creía que Josezf me salvaría y me aferré a él desesperadamente, le entregué todos mis sentimientos, él era mi refugio y me hacía sentir seguro. Pero jamás pude imaginar que para Josezf yo era algo parecido, un salvavidas con el que poder vivir en calma hasta su último e inminente aliento.
Ya no puedo concebir la vida sin él, lo he intentado y he fracasado. Quiero que todo cuanto deseaba se vuelva realidad en el sueño eterno de mi nueva apariencia, quiero que me conozcáis tal como soy.

Iren se marcha, los médicos deciden que pueden darme de alta, el psicólogo me receta unas pastillas que no tomaré y me espera dentro de dos semanas.

Llevo la cabeza ligeramente vendada y ardo en deseos de ver mi rostro.
No pienso en nada más cuando entro en mi apartamento a oscuras y camino presuroso hacia el espejo de cuerpo entero de mi habitación.
Mis manos tiemblan expectantes cuando comienzo a quitarme las vendas.
Soy el retrato de Dorian gray, ¿dónde está el lienzo que muestra mi verdadero ser? Quiero que lo busquéis, quiero que olvidéis el bello ángel blanco que era y halléis la verdadera esencia de Mircea, tal como la crearon los dioses.
Pero no seréis capaces, verdad? No podéis ver las cosas más que con vuestros ojos, esas esferas gelatinosas que algún día se apagaran, pudrirán y alimentarán a los gusanos.
Quiero verme y regodearme en mi triunfo sobre vuestra superficialidad.
La imagen que muestra el espejo es el paradigma de la perfección, el anhelo de la divinidad, el suspiro de los arcángeles. Repaso las cicatrices en la piel de mi rostro, mi tacto es capaz de percibirlo y sonrío, pero el espejo se burla de mí, me muestra inmaculado y los ojos que me miran muestran una serenísima tristeza.
Estás triste por mí, reflejo?
Sientes lastima por tu gemelo de este lado?
Sólo tú me conoces realmente, sólo tú sabes quien es Mircea. Por qué te burlas de mi entonces?
Me quedo fascinado frente al espejo, y sé que ese no soy yo. Mi tacto me demuestra que soy un monstruo, pero el del espejo es un verdadero ángel.
Pasa el tiempo y no me separo del espejo.

He decidido llamarle Narcisso, aunque quizá debería ser yo el que tomara ese nombre. Le miro y siento un tremendo consuelo, de algún modo a pesar de saber que es mi reflejo, es como si fuera un ser distinto pero con el que comparto la misma esencia.
-Narcisso- digo con la mano sobre la superficie del espejo, acariciando las yemas de sus dedos-
Creo que voy a desaparecer de este mundo, por favor, cuando me vaya, ven conmigo. No quiero estar solo en ese lugar desconocido.
La idea de morir y desaparecer me ha rondado la mente desde que se lo que es, sin llegar a resultar obsesivo, sin ser un grito desesperado, me había planteado muchas veces el hecho de dejar este mundo. No sabía lo que podría aguardarme al otro lado, quizá nada, simple y ciego vacío. Josezf me decía que yo era inmortal, porque a pesar de ser joven no me creía inmortal como los demás que vivian deprisa y despreocupadamente. Yo era consciente de mi mortalidad y eso me inmortalizaba. Josezf decía muchas cosas por el estilo y yo le escuchaba, pero realmente no le entendía. Quizá resultaba demasiado filosófico para mi mente analítica. La muerte es un estado de la vida, una trasformación necesaria para que la vida en el planeta continúe; sólo un fragmento de la inmensa rueda.
Así que no le temía, no había nada que me aferrara al presente, ni que me hiciera desear un futuro. Porque no me había matado? Quizá por eso, sabía que podía hacerlo cuando quisiera, no tenía prisa en realidad.
Ahora la vida se iba escapando de mi esquelético cuerpo. Incapaz de apartarme del espejo y del único ser que podía comprenderme, no abrí la puerta.
No ingerí ningún alimento ni bebida, dejé que mis esfinters se aflojaran y mis desechos se derrabaran a mi alrededor, hasta que la mugre y el hedor insalubre crearon un circulo como una barrera que me separaba del resto del mundo.
Pero sólo puedo ver a Narcisso, el que me mira con esos ojos grises y me llenan el alma.
Resigo su imagen con los dedos y él hace otro tanto juntándolos sobre los mios. Desearía tanto poder abrazarte mi mudo oyente. Pero estamos separados por un cristal, qué pasaría si lo rompiera? Aún no he perdido suficiente cordura como para no saber lo que pasaría, te perdería y yo ya casi estoy fuera de este mundo.
Mi mente ha ensordecido y cegado a todo lo que no sea mi reflejo, así que no escucho las insistentes llamadas por teléfono, el timbre que suena barias veces al día; ni siquiera me doy cuenta que derriban la puerta para entrar a la fuerza.
No oigo sus voces alarmadas, como dicen que alguien llame a una ambulancia. Alguien se inclina sobre mí bloqueándome la visión de Narcisso.
Podría enfurecerme por la interrupción. Pero sonrío, sonrío al ver la expresión horrorizada de Iren cuando ve mi nuevo aspecto. He destrozado tanto mi imagen que tan sólo puedo ser un monstruo. Aún me amas? Aún te hago suspirar? Aun sientes que soy el motivo para que vayas a trabajar cada día?
Ya no soy un ángel, soy un ser de maltrecho envoltorio. Pero no mirarás en el interior, tus ojos no te lo permiten. Ahora por fin he encontrado al único que puede amarme por lo que realmente soy, sólo Narcisso es mi compañero perfecto.
La consciencia es algo tan frágil. Se aleja de mí y el mundo desaparece, sólo espero haber muerto para poder tomar la mano de Narcisso y abrazarle con fuerza.

Vuelvo estar en el hospital, el olor a desinfectante me llena las fosas nasales, me han intubado y siento nauseas. Dónde está Narcisso?
Iren está a mi lado, se mira las manos, no siendo capaz de mirarme.

-Dónde está Narcisso?
Mi voz suena algo ronca, pero segura, he pasado los últimos días hablando con mi reflejo.
Iren levanta la vista sorprendida, y vuelve a apartarla incapaz de enfrentar mi rostro deformado.
Está a punto de llamar a una enfermera. Pero no se lo permito, tomo su muñeca con fuerza, parece que he pasado muchos días inconsciente y el suero me ha revitalizado.
Ella me mira asustada. Ya no despierto ningún cálido sentimiento en ella. Maldita hipócrita superficial, nunca me has conocido…
-¿dónde hay un espejo?
Ella balbucea
-¿Dónde hay un espejo?!
Mi saliva espesa salpica su cara y ella gime asustada intentando zafarse de mi zarpa.
Parece que mi grito ha alertado a las enfermeras y entran en tromba, me anestesian y yo dirijo una mirada de odio a Iren, ahora para ella soy un monstruo en todos los sentidos. si, mejor así. Tú no puedes entenderme.
Narciso Narcisso NARCISSO
Sólo quiero estar contigo, que me mires mientras te hablo, que sigas mis movimientos armoniosamente.
me pongo en pie como puedo, empujo a Iren y corro hasta el baño derribando el gotero que se arranca dolorosamente de mi brazo.
Cierro la puerta de acordeón y ahí está. Narcisso.
Me he levantado demasiado rápido, estoy demasiado débil. Mi mano toca el espejo del baño, la mano de Narcisso se junta con ella, mis ojos se nublan y pierdo el conocimiento.

En medio de la oscuridad oigo un tarareo con una voz conocida.
Mi voz tararea una canción que no conozco, siento unas manos acariciandome el pelo, mi cabeza está apoyada sobre un regazo.
Reconozco la voz, es la mía, reconozco el tacto, son mis manos, reconozco el olor. Narcisso
cuando abro los ojos no puedo creerlo, mi reflejo, mi otro yo, Narcisso mirándome con toda la ternura del mundo.
Miro a un lado y una superficie de cristal nos separa del baño del hospital.

-Por fin estamos juntos,-dice mi voz

Y el rostro más hermoso del mundo se inclina sobre el mio, los labios más suaves del mundo se posan en los míos y todo vuelve a tener sentido.

3 comentarios:

buahhhhhhhhhhh, Mircea.....

Ya sabes que me encanta ésta historia y éste capítulo es alucinante *.* Espero que cuando tengas fuerzas, animos e inspiracción te animes a seguirla.

muaks

pues a ver si consigo tiempo para escribir un poco, aunque sea antes de acostarme.
me apetece mucho.

Bueno, ya sabes que a veces más que tiempo es inspiracción.
Así que animoooo.

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