El Templo del Ocaso

Blog de relatos de escritores novel. Fantasía, Terror, Romance...


Antes de poner el relato de Neko, tenemos que puntualizar que aunque lo hemos dado por valido, no se han cumplido del todo las exigencias.
La temática tenía que ser ciencia ficción. Pensamos que quizá se ha confundido con simple ficción.
El gato tenía que ser el protagonista, pero ha recibido suficiente protagonismo.

Por lo demás nos ha gustado mucho, está bien narrado y es interesante.
Felicidades Neko ^^

Aquí lo tenéis, disfrutadlo.

La lengua larga.

autora: Neko


Amanda estaba un poco paranoica con aquella mujer ¡Si hasta nariz de bruja, tenía!

Doña Irinia tenía la piel pálida, unas ojeras bien marcadas y una cabellera corta y ondulada, jamás había sido vista con ropas que no fuesen de colores pasteles o eso le había dicho la misma señora a Amanda una vez que se quedó mirándola fijamente.

Irinia era una mujer que se mostraba amable con todo el mundo y no es que fuera malvada, lo que le molestaba a la recién llegada era su afición de hablar hasta por las orejas con cualquiera, conocido o desconocido, amigo u enemigo.

Era la mujer más copuchenta que había visto en su vida, aunque su vida había sido relativamente corta, sin embargo, eso no importaba mucho, el problema aquí era que ella había llegado a parar a su casa y estaría viviendo con ella hasta que terminase sus estudios.

José, te estoy diciendo que las dos mujeres se agarraron de las mechas Dijo amarrándose sus propios cabellos.

¿Y cuando viste tú eso? Su marido levantó la vista del diario.

Hace un rato, chico. Si te digo que la Andreita estaba a punto de pegarle a su madre Se acerco un poco más y se sentó al lado de José. Estuve a punto de llamar a los carabineros porque ya era mucho, ya.

Irinia, no seas tan metida, mujercita Movió la cabeza su marido.

Ay José, si pasa algo va a ser tu culpa por no dejarme llamar a los carabineros.

Deja de meterte donde no te llaman, tarde o temprano eso te va a pasar la cuenta Advirtió el hombre calvo y volvió a su pacífica lectura.

Los continuos rumores que se extendían en la población le llegaban a la hora de la cena todos los días, por los labios de su señora arrendataria. Al escucharla una de esas tardes pasó por su mente una pequeña y fugaz idea: ¿Qué pasaba cuando ellas no estaban? La verdad es que sintió un escalofrío recorrerle el cuerpo, lo que pasaba es que Amanda tenía muchísimos secretos, mentiras que había estado ocultando hace bastante tiempo y eso la mantenía intranquila, si la mujer de la casa las llegaba a descubrir era su fin.

Como las mentiras se pillan siempre, un día Doña Irinia se encontró con gran notición al ver un diario en el que Amanda confesaba todo lo que había hecho durante sus veinte años, sin esperar la mujer comenzó a divulgar sus chismes, fuesen ciertos o no, la lengua le picaba como si tuviera ají.

Al poco tiempo todos los temores de la señorita se hicieron verdad, incluso algunos de sus amigos más cercanos sabían de sus mentiras y esto había hecho que toda su vida se fuera apagando de a poco, ahora se encontraba sumida en una depresión muy complicada y nadie lo había notado. Amanda dejó de ir a clases y se encerró en su habitación por largas horas cada día, ya casi no comía e Irinia comenzó a preocuparse. Entonces no halló mejor idea que llamar a los padres de la chica y contarles todo lo que sabía.

—Dios, esta niñita me va a sacar canas verdes —Susurró a la vecina de en frente, con la cual conversaba desde la reja.

—¿Tanto así, señora? ¿Qué paso ahora? —Preguntó la otra mujer, levantando la cabeza.

—Es que esa niña ha estado puro mintiendo, pobre de los padres que tiene. Fuera hija mía porque le daría sus buenos golpes.

—Ay señora, en los cachos que se mete.

—Si, así no más es hijita, pero que le vamos a hacer. Ya mande a buscar a su papá, el caballero llega mañana —Comento y se limpió el rostro que estaba algo sudado.

—Tan buena que se ve la Amandita, bueno las apariencias engañan —respondió la vecina.

—Así no más es, Claudita —Dijo y pateo un gato que se estaba metiendo a la cocina—. Estos gatos de porquería, los mataría a todos, son tan molestosos.

Amanda volvió a entrar a su habitación, luego de haber escuchado aquella conversación. La chica pronto se vio entre la espada y la pared, estaba hundida y era una cobarde porque no tenía cara para enfrentar a su familia, si doña Irinia lo hubiera hablado con ella, si la señora la hubiera orientado en vez de haberla dejado como un trapo humillándola públicamente, si ella no hubiera mentido. Todo el arrepentimiento llegó de golpe, sin embargo, sabía que no ganaría nada con ello. Así que sin pensarlo dos veces, decidió escapar y ser medio cobarde al quitarse la vida aquella noche. Salió sólo dejando una pequeña nota en el velador, respiró hondo, se tomó unas cuantas pastillas y adormecida se tiró al mar. Un río que había cerca y que estaba camino a la Universidad. Al otro día cuando su padre llegó y tocaron la puerta de la habitación, nadie atendió. Entonces la señora fue por la llave maestra y se hizo paso entre las cosas de la niña, dándose cuenta de que nadie había en el interior. Desesperada miró al hombre que estaba tras de ella desconcertado, luego encontraron una pequeña nota escrita a manos de la chica. «Perdónenme pero no había más solución, sin embargo hay más de una culpable aquí. Nos veremos pronto señora Irinia».

Los dos adultos presentes tiritaron, pues no sabían que significaba la nota. El padre esperanzado ordenó su búsqueda e Irinia temerosa guardó el papel.

Luego de un tiempo la búsqueda cesó sin hallar el cuerpo de la joven, los padres estaban desechos, la señora Irinia igual, después de todo durante el tiempo en que habían vivido juntas le había agarrado cariño a la niña, aunque eso nunca fue suficiente para mantener su lengua quieta. Cada vez que salía el tema de Amanda ella hablaba sobre su monstruosa desaparición, el poco entendimiento que le dio a la nota la llevo al olvido pero como todo se paga, un año después de haber muerto la joven un gato negro apareció en su ventana.

Un felino que no la dejaba en paz, pues la vigilaba continuamente cuando estaba sola, hay que comentar que nadie más lo había visto, sólo ella en sus largos ratos de ocio mirando las telenovelas de la tarde. El gato de ojos verdes se posaba justo en la ventana y le observaba fijamente por horas y horas, la señora Irinia tenía que confesar que aquel animal le recordaba a la chica, sin saber la razón determinada de ello.

—Otra vez ese gato —Aburrida se levantó para sacarlo de la ventana. El gato sin embargo no deseaba irse y volvía, una y otra ve, al mismo lugar—. ¡Sale de ahí, gato de porquería!

El grito alarmó a su esposo que justamente venía entrando y para su desconcierto vio a su mujer hablado sola, golpeando al viento que se colaba por la ventana a medio abrir.

—Irinia ¿Qué estás haciendo?

—Ahuyentando a este gato que me tiene toda nerviosa —Contestó sacudiendo su delantal y girándose a ver a su esposo.

—¿Cuál gato?

—Ese gato —Apuntó a la ventana pero no vio nada—. Al fin se fue.

El hombrecillo no le dio mayor importancia aunque le pareció bastante extraño el comportamiento de la doña.

Los días seguían pasando y con ello, la mujer que no era nada tonta se dio cuenta que era la única que podía ver al felino. Aquel animal que se paseaba elegantemente por su casa sin pedir permiso, con esos ojos como aceitunas de vez en cuando y ese cascabel que sonaba junto al meneo que hacía su cola.

Una noche doña Irinia se quedó sola en casa, la madera crujía y el viento movía las ramas de los manzanos. Las sombras hacían un juego tétrico según pensaba la mujer nerviosa pues el gato nuevamente estaba cerca de su cama. Se tapó por completo con las sábanas repitiéndose a si misma: «Es sólo mi imaginación». Cerró sus ojos fuertemente y de un momento a otro se quedó dormida.

—Buenas tardes mijita, la estaba esperando —Comento una anciana que bordeaba los noventa. Su cabello caía en una cascada blanca sobre su espalda y su piel parecía la de una roca llena de marcas.

—¿Abuela? —Preguntó Irinia mientras observaba el largo jardín.

Reconoció enseguida que era el fundo donde había pasado su niñez.

—¿Quién más va a ser? —Comento la anciana meciéndose en su silla—. Últimamente andas muy despistada, Iri. Siéntate aquí mejor, cuéntale a la abuela porque has cambiado tanto.

—¿Cambiar tanto? —Miró sus manos con detalle, estaba en el cuerpo de cuando era pequeña pero tenía la misma mentalidad que la vieja de cincuenta que se paraba a chismorrear.

—Si pues hijita, has estado haciendo cosas malas —Movió la cabeza— ¿Qué aprendiste cuando te crié?

—Abuela tú sabes que no es de mala —Agachó la cabeza.

—Ya mi niña si no voy a retarte —La mujer sonrió dulcemente, como solía hacer a menudo cuando estaban juntas—. Vine a advertirte porque a pesar de que te estés portando mal allí abajo, eres mi nieta consentida.

—¿Advertirme?

—Si, Iri. Ese gato no anda ahí por nada. Ese gato te está vigilando o yo te diría que te anda penando.

—¿Ese gato? Entonces, por eso soy la única que lo ve.

—Si, por eso —Le pasó la mano por los cabellos, enredándose con esos nudos rebeldes—. Ahora tienes que hacer lo que yo te diga o no te desharás del animalito, además, el gato aún no hace nada malo, pero si te sigues comportando así y soltando todo lo que llega a tus oídos, habrán consecuencias, Iri.

—Pero abue…

—Nada de peros, ahora escucha —Le jaló el cabello sin hacerle daño—. Busca una vela azul y préndela, déjala en la habitación de en frente.

—¿Cuál? ¿La que no se ocupa? Pero en esa vivió la chica esta, la que me trajo un montón de problemas. Pobre de mí.

—Esa misma y nada de pobre de ti —Repitió la viejita simpática—. Tú te la buscaste, agradece que acudiera a ayudarte.

La viejita abrazó a su nieta luego de darle toda la información que requería se despidió.

—Anda a visitarme de vez en cuando, tú, chica ingrata.

Doña Irinia abrió los ojos sin deseos de salir de ese sueño, entonces se dio cuenta que era de madrugada y que el gato estaba sobre su pecho, mirándola atentamente. Asustada la mujer sacó las frazadas tirando al minino lejos y sin cuidado fue hasta la azotea a buscar una vela de color azul y la nota que le había dejado Amanda hace más de un año.

Con desespero buscó entre sus pantalones, entre las cajas, entre los muebles, sin encontrar la nota. El gato divertido movía su cola como si fuera un reloj y le sonreía de forma burlona, al menos eso pensaba la mujer en ese instante, sin hacerse más caldo de cabeza, siguió hurgueteando hasta que el gato maulló. Trato de ignorarlo pero el gato volvió a maullar.

—Sale gato, deja de molestar —Dijo, pues ella sabía que el felino le entendía.

El gato se movió un poco y le volvió a llamar con un maullido. La mujer se fijó en la insistencia del animal y con cuidado se acercó, fue cuando vio la nota de Amanda bajo las patas del gato.

Agarró el papel mullido y lo llevo hasta la habitación junto con la vela azul, el ritual consistía en quemar la nota cuidadosamente, desde la punta izquierda hasta el otro lado. Sus manos tomaron el papel y con cuidado lo pasaron sobre la pequeña llama, hasta que se consumió por completo.

El gato desapareció junto con el último pedazo, justamente cuando se estaba haciendo de día y Don José llegaba a casa nuevamente.

—¿Cómo estuvo la noche? —Preguntó el hombre calvo algo cansado.

—Más o menos, no más viejo. Llamaré a la Marcela para contarle todo con detalle —Comentó aliviada por haberse desecho de ese gato.

Mientras ella contaba su episodio por aquí y por allá, una sombra pudo verse desde la ventana, atenta observaba cada paso de la señora de la casa. Pues Doña Irinia no había aprendido nada.

—Parece que habrá que darle otra lección, Doña Irinia —Susurró la sombra reflejada en la ventana, con aquella boca gatuna que sólo significaba una cosa, aquel felino no la dejaría en paz nunca, pues la lengua de la señora era tan larga como los secretos que contaba la Biblia. Sonó el cascabel nuevamente y el gato volvió a hacerse concreto a la vista de la señora, mientras ella, dejaba el teléfono a un lado sorprendida. Sabía que ese acompañante estaría prendado a ella por siempre, quizás sólo quizás, sus chismes la habían vuelto loca.


3 comentarios:

Muchas gracias, a pesar de todo los problemas.
Por tenerme paciencia y dejar pasar algunas cosillas que no hice.
Me agradó mucho participar y si se pudiera otra vez, estaré esperándolo con muchas ganas.
Un besito. ^^

Y si… Ni es ciencia ficción ni el gato es el protagonista concreto… Pero definitivamente el relato me ha gustado!

La semana que viene pondremos un reto distinto.
gracias por seguir el templo ^^

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